
A partir del 8 de agosto, México comenzó a aplicar precios mínimos obligatorios para la exportación de jitomate fresco, medida que surge tras la cancelación del acuerdo comercial firmado en 2019 con Estados Unidos, el cual había pausado una investigación por prácticas de dumping.
La regulación establece precios mínimos por kilogramo en dólares, dependiendo del tipo de jitomate. Las variedades más especializadas como Cherry, Grape, Campari, Kumato, entre otras, deberán venderse en al menos 1.70 dólares por kilo. En contraste, el jitomate Roma (saladette) quedó en un mínimo de 0.88 dólares, mientras que el jitomate bola tendrá que exportarse por al menos 0.95 dólares. Otras presentaciones como el jitomate en racimo (TOV) y el conocido como “Stem On” alcanzan hasta 1.70 dólares por kilo.
Aunque esta medida podría interpretarse como una barrera comercial, las autoridades federales afirman que no se busca limitar el volumen de exportaciones, sino establecer una base para evitar ventas por debajo de costos que afecten a productores mexicanos y distorsionen el mercado. Las secretarías señalaron que la regulación se revisará cada año, aunque también podría ajustarse antes si las condiciones del comercio internacional así lo requieren.
México es uno de los mayores exportadores de jitomate del mundo, con ventas anuales que rondan los 2 mil millones de dólares, principalmente a Estados Unidos. Para los productores, el regreso de cuotas y esta nueva regulación plantea tanto desafíos logísticos como ajustes en los precios de comercialización.
Si bien el gobierno afirma que esta decisión busca proteger a jornaleros, productores y zonas rurales, especialistas advierten que también podrían generarse efectos secundarios, como una mayor presión en los precios internos o dificultades para los pequeños agricultores que no siempre cuentan con la infraestructura para cumplir con normas de exportación más estrictas.
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