Puebla no solo es sinónimo de Cholula o Yohualichan cuando se habla de zonas arqueológicas. Existen otros espacios prehispánicos que, pese a no figurar entre los más promocionados del estado, conservan riquezas históricas y arquitectónicas igual de impresionantes. Algunos de estos sitios apenas reciben visitantes, pero su legado es vital para entender las culturas originarias que habitaron esta región.
A lo largo del estado, entre valles, zonas áridas y cerros, se distribuyen diversos asentamientos antiguos que no solo ofrecen estructuras de piedra, sino también paisajes naturales únicos y una experiencia más íntima con el pasado.
Tesoros escondidos entre piedras y montañas
Uno de estos lugares es Tehuacán el Viejo, situado en el poblado de San Diego Chalma, dentro del famoso Valle de Tehuacán. En su tiempo, fue una urbe clave durante el periodo Posclásico. Hoy, sus más de 600 estructuras revelan la organización política y religiosa que imperaba. Entre los templos más destacados están el dedicado a Ehécatl-Quetzalcóatl y la Plaza del Fuego Nuevo.
Otro sitio menos conocido es Tepapayeca, en el municipio de Tlapanalá, cuya ubicación fue estratégica para el comercio mexica. Su nombre, que significa "en las piedras", refleja el entorno agreste en el que se erige. A pesar de su relevancia histórica, el acceso sigue siendo gratuito y su afluencia es baja.
También sobresale Teteles de Santo Nombre, una antigua ciudad con arquitectura similar a la de Teotihuacán, y con orientación hacia el Popocatépetl. Esto sugiere una conexión astronómica y ritual con la montaña sagrada. Su pirámide principal, de 22 metros, es testimonio del dominio constructivo de sus antiguos habitantes.
Cantona: la ciudad olvidada más grande del país
Pero si se habla de magnitud, Cantona se lleva el título de ser la zona arqueológica más grande de México. Localizada entre los municipios de Tepeyahualco y Coyoaco, este sitio alcanza las 453 hectáreas habitables. Su red urbana incluye templos, calzadas empedradas, plazas, talleres de obsidiana y hasta cinco canchas de juego de pelota.
Cantona fue un centro de poder económico y comercial. Su acrópolis, protegida por un sistema defensivo, funcionaba como el núcleo político y religioso de la ciudad. La planificación de sus espacios demuestra un nivel de organización social pocas veces visto en Mesoamérica.
Visitar estas zonas es una oportunidad para reconectar con el pasado desde otra perspectiva, alejada de los circuitos turísticos tradicionales y más cercana al verdadero origen de lo que hoy es el estado de Puebla.
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foto cortesía
xmh
Archivo histórico