Aunque parecían destinados a la extinción, gracias a las mujeres rurales de Puebla, los cafetales que antes pintaban los paisajes de la Sierra Norte del Estado de Puebla ahora volvieron a tener color.
Y es que los cultivos de café en 10 municipios de este territorio fértil, comenzaron a secarse ante la migración de los varones de la comunidad para encontrar mejores oportunidades en otros sitios y así obtener más ingresos económicos para solventar sus necesidades.
Como consecuencia de la falta de labor en sus campos, llegó la mínima producción, el azote de las plagas y los bajos costos de venta de los granos, que ya no resultaban rentables para los pobladores.
Ante esta situación, cobijadas por la Alianza de Mujeres en Café México, tomaron las riendas las habitantes indígenas de la Sierra logrando reactivar los cultivos de café en las localidades de Pahuatlán, Tlaxco, Naupan, Tlaola, Chiconcuautla, Jalpan, Pantepec, Naupan, Huauchinango y Tlacuilotepec.
De acuerdo a la revista La Campiña, este esfuerzo está encabezado por Beatriz Hernández Escárcega y desde hace más de tres años lograron agremiar a 765 mujeres para sembrar mil 300 plantas de café, proyecto que después fue respaldado por la vinculación con las instituciones de Gobierno.
La Alianza de Mujeres en Café busca que las mujeres rurales se hagan visibles no únicamente en su papel de jornaleras o productoras, sino también como entes activos en la toma de decisiones.
Es por ello que la organización ha promovido propuestas legislativas para que se tome en cuenta a las productoras.
Gracias a la Alianza, las caficultoras tuvieron talleres de capacitación, recibieron insumos, equipamiento y apoyo para infraestructura con el fin de tener mejores prácticas agrícolas, siempre en sintonía con la preservación del medio ambiente.
Es así como la cafeticultura brindó nuevas oportunidades de desarrollo tanto a las mujeres indígenas poblanas como a sus familias.
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