Puebla, Pue.- La reverenda Madre Rosa María Manzano, abadesa del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana Clarisas Capuchinas, a través de un escrito agradeció el apoyo que recibieron en especie y dinero para mantener su labor de oración, en la que en momentos tan complicados como los que enfrenta la sociedad, han ponderado la misericordia.
El texto de la madre Rosa María Manzano a la letra dice: Queridos hermanos, estamos viviendo un tiempo difícil, pero quisiera invitarlos a vivirlo como un tiempo de gracia también, tiempo en el que Nuestro Señor nos da la oportunidad de crecer en la fe.
Sin duda es un tiempo que ayuda al encuentro con Dios, que nos acerca más a él y que por medio de los acontecimientos que estamos viviendo, nos invita a confiar en él, en su poder y en su amor.
Vivamos también este tiempo como la oportunidad de vivir un encuentro con nosotros mismos y nuestras familias, no perdamos la posibilidad para unirnos más, aprovechando la lejanía de tanta actividad o dispersión, que a veces la vida cotidiana nos pone enfrente y nos distrae de lo verdaderamente importante. Los invito a pensar y meditar un poco más sobre nuestra existencia, sobre nuestra misión, nuestro propósito de vida, el fin para el que fuimos creados y por supuesto, hacia dónde vamos. Todo estofe un ambiente de oración que lleve a vivir en unidad.
Este sentido de unidad, me lleva a pensar como nos necesitamos mutuamente, los unos a los otros; en específico pienso que nuestra oración puede contribuir a las necesidades del mundo, de ustedes en especial… y la ayuda que ustedes nos han dado (en especie o económica) también ha sido para nosotras una manera en la que Dios se ha hecho presente ante nuestras necesidades: ¡todos estamos unidos en esta batalla!
Nuestro carisma como monasterio, es vivir el Santo Evangelio en fraternidad, en continua oración y sencillez de vida. Estamos llamadas a orar por toda la humanidad, sin excluir a nadie. Somos un ejército de almas en oración para nuestra querida sociedad, para nuestro pueblo y confiamos en que el Señor Jesús resucitado, se ocupa de nosotras, sus esposas, abriendo el corazón de sus hijos, su rebaño, para que a través de ustedes la ayuda nos llegue a nosotras y tantas otras personas que lo necesitan.
¿Cómo estamos viviendo la pandemia?
En oración, en una vida sencilla y cotidiana, con nuestro mismo horario y régimen de vida, sin embargo, en estos tiempos hemos puesto especial énfasis en la misericordia. Estamos como María al pie del maestro, con sacrificios, ayunos y santas rogativas, procesiones por nuestro claustro… y todo esto pidiendo para que Dios nos libre de la pandemia. Oramos también por los contagiados por este virus, por los doctores de todo el mundo y las enfermeras, por los laicos voluntarios, por los de intendencia, por todos los que prestan un servicio, por los trabajadores de la sociedad: los que recogen la basura, los policías, los taxistas, los que estén en los mercados, aquellas personas que no han podido quedarse en su casa por necesidad. Oramos también por nuestros bienhechores por todos los que han hecho la caridad de socorrernos con alimentos, con medios económicos, medicinas etc. y especialmente pedimos por los que ya fallecieron enfermos por el COVID-19 o por otra causa. Es también nuestro deber orar por la iglesia por el Papa, el Arzobispo, sus obispos auxiliares, por todos los sacerdotes y seminaristas, por los jóvenes, niños y ancianos. Así nuestro monasterio es una escuela de servicio al Señor y a la humanidad entera.
¿Cómo nos desempeñamos?
En el silencio de nuestro claustro viviendo en fidelidad. Nosotras como contemplativas vivimos un compromiso con Dios y la humanidad de vivir el encierro como una ofrenda, el silencio interior y la meditación como el modo característico de nuestra consagración, y pedimos que en cada una de nosotras haya la gracia fecunda para pedir por los demás. Cuidamos de nuestra vocación porque sabemos que lo que tenemos es “un tesoro en vasijas de barro”. Estamos en un monasterio y tenemos la conciencia de que somos atraídos por el rostro de Dios, considerando que el lugar en donde estamos es tierra sagrada así como también lo es la humanidad, por ser cada uno imagen de Dios, de esto modo vivimos en un camino a la luz de la fe, en un éxodo del propio yo, para darnos a los demás en los sacrificios pequeños y cotidianos que nos ofrece la vida.
En este tiempo y en este momento concreto ustedes han abierto su corazón para compartir con nosotras con gran generosidad, quizá a costa de muchos sacrificios y privándose ustedes mismos, de algo necesario, con tal de socorrer nuestras necesidades. Han compartido y siguen compartiendo con nosotras y se han abierto a la gracia, buscan cumplir la voluntad de Dios. Ante esta generosidad y gran sacrificio no hay palabras suficientes para expresar nuestro agradecimiento. A título personal, como Abadesa de este monasterio de Clarisas Capuchinas de San Joaquín y Santa Ana, y en nombre de todas las madres que integran este monasterio, expreso nuevamente mi agradecimiento. Y aunque mis palabras sean cortas, quiero bendecir a Dios por su ayuda, quiero agradecer de corazón a ustedes por ayudarnos a cruzar esta pandemia, por estar al pendiente de nuestras necesidades y de nosotras mismas como personas, gracias por compartir lo que Dios te socorre y que nos hace disfrutar de los sagrados alimentos, gracias por su gesto de solidaridad, por dejarnos estar cerca de ustedes. Gracias infinitamente.
Deseamos que el Señor y Dios altísimo resucitado les dé el don de la felicidad y la alegría, el don de la paz, aún en medio de la pandemia que estamos viviendo:
Sólo cada uno de ustedes sabe lo que está pasando, sufriendo, por trabajo, por tantas necesidades, con la incertidumbre de cuándo terminará pero con la esperanza de que nada es eterno y un día volverá a brillar la luz como antes.
Nuestras iglesias se volverán a abrir, tengamos fe y confianza en Jesús que no quiere que suframos. Caminando por la vida con la seguridad de que Dios permite esto para nuestro bien, porque desafiando la pandemia, como un reto personal o como un reto de la humanidad tenemos la prueba de que nuestro existir de cada día nos une con fuerza y aprendemos de la solidaridad, de la grandeza del corazón humano.
Nuevamente ¡GRACIAS! que Dios recompense al 100% en esta vida y la vida eterna con su paz, su amor y su misericordia.
Fotografía Especial
clh
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