En las votaciones de Estados Unidos para presidente, Trump perderá y eso será la verdadera bendición de Dios.
“Fue una bendición disfrazada. Me contagié, escuché sobre este fármaco, dije que me dejaran tomarlo.Y fue increíble cómo funcionó."
Donald Trump
En un video donde aparece maquillado color tabaco, el presidente norteamericano dio una diatriba poco convincente sobre lo bien que se siente. Y anunció conseguir gratis para toda la población de Estados Unidos el medicamento que lo curó.
Como si fuese un moderno pastor procura demostrar que su estado físico es óptimo. Para lo cual rompe por enésima vez la petición de la OMS de usar cubrebocas para disminuir la posibilidad de contagio. El líder de la nación más poderosa del mundo da un ejemplo en extremo deficiente.
Además de haber recibido “una bendición” al haber enfermado, Trump por supuesto no dejó pasar la oportunidad para echarse porras. Dijo ser un “espécimen físico perfecto” por su supuesta óptima respuesta al covid; “salí bien parado de la enfermedad por mi excelente estado de salud y porque todavía soy muy joven”, aunque aseguró que podría “perder algunos kilos”.
Con sus usuales puyas bautiza al covid como el “virus de China” y aprovecha cada oportunidad para culpar al gigante asiático antes de aceptar la bochornosa actuación de su gobierno ante la pandemia. Parecido a nuestro mandatario, culpa a los gobiernos pasados de los males de su país y, la mejor, decir que si Joe Biden (su competidor por la presidencia) fuese hoy el presidente, en lugar de 212,000 muertos y más de 7 millones de contagiados, habría ya 2 millones de decesos por la pandemia en los EEUU. ¿Pruebas? ¡Ninguna! Basta su palabra.
Así, igual que el titular del ejecutivo de nuestra nación, ANLO, quien dice tener el detente contra el covid, Trump fue bendecido al haber contraído la enfermedad. Ambos juegan con el sentir religioso (los fetiches y supersticiones, más bien) de sus pueblos.
Pero haber recibido “una bendición” no es óbice —e igual puede hablarse de los dos personajes— para apelar a sus oponentes (reales e imaginarios) con adjetivos despectivos, especialmente si se trata de mujeres. Los ejemplos más sonados son “Crooked Hillary” (Hillary tramposa) y “Crazy Nancy” (la loca de Nancy Pelosi). Por lo visto eso de poner apelativos desdeñosos es denominador común de los populistas...
Al igual que ser bipolar en sus apreciaciones sobre un mismo tema, pues poco antes de salir del hospital vía Twitter menosprecio al virus al decir: “no tengan miedo del covid. No permitan domine su vida”. Pero días después, cuando atacó a Biden dijo que se trataba de una “enfermedad letal”. Ya ni quien se acuerde de que al iniciar los contagios, para Trump se trataba de “un simple catarrito”...
@realDonaldTrump se encuentra en campaña y con el tiempo en contra para poder remontar los puntos que le va ganando su contrincante demócrata. Ante la evidencia de su próxima derrota ya inició la cantaleta de que serán “la elecciones más sucias y robadas de la historia”.
Afortunadamente, más allá de sus triquiñuelas, sus desatinos y pataletas; este primer martes de noviembre, en las votaciones generales de Estados Unidos para presidente, Trump perderá las mismas y eso será la verdadera bendición de Dios, aunque en términos terrenales serán millones de votantes quienes lo saquen de la Casa Blanca. Bendición por partida doble porque su derrota servirá también para debilitar la alianza que tenía establecida el populista de nuestro país.
¿Que cómo sé de su fracaso y con toda seguridad lo afirmo? Porque ayer Trump anunció que no participaría en el segundo debate presidencial, y con eso ocurren dos cosas: 1) admite que no está tan sano como presume y 2) precipita su derrota al ausentarse de tan importante evento de la contienda. Ahora, de que se augura que este personaje será muy mal perdedor, eso ya es otra cosa y no hay duda...
Columna de Verónica Malo Guzmán
Foto: Archivoe
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