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A río revuelto

Ha bastado una semana para confirmar los presagios que anunciaban, desde hace tiempo, meses muy complejos para el país

A río revuelto

Desde hace meses se vislumbraba una época de campañas electorales que nos brindaría muchos temas de análisis y discusión. Aspectos que también nos provocarían reacciones tan dispares como el enojo y una sonrisa que, sin duda, sería resultado del humor involuntario que ha sido parte de las estrategias electorales de sus protagonistas. A pesar de que no era difícil llegar a estas conclusiones, nos hemos percatado, con cierto estupor, que todo se ha cumplido con la precisión de un relojero que arma un reloj cuyas manecillas avanzan de manera enloquecida y sin control alguno. Llevamos apenas una semana desde que se formalizó el inicio de las campañas electorales con miras a las elecciones del próximo 6 de junio y, sin mediar ninguna consideración para el sentido común, nos percatamos que sólo se reforzaron las estratagemas que se venían perfilando desde hace meses. En un esquema democrático diseñado para la perpetuación del sistema de partidos, las estrategias no podían ser distintas a las que nos hemos ido acostumbrado: es más trascedente el espectáculo que se puede ofrecer a la sociedad, que las ideas y propuestas económicas, sociales y culturales de quienes sí tienen algo que brindar para nuestro país. Porque no se duda que existan candidatas y candidatos que sí puedan distinguirse positivamente en medio de este teatro del esperpento. Y, sin embargo, no dejan de ser parte de esta vorágine que nos mastica con lentitud.

No hay lugar para la ingenuidad. Estas campañas ya tienen consigo el ímpetu de las famosas “precampañas internas” que, no cabe la menor duda, también ocupan un lugar en los medios de comunicación y reclaman nuestra atención sin miramientos. Además del derroche de recursos que implica este proceso inicial —cabe preguntarse si esto era indispensable en medio de la terrible situación económica en la que nos encontramos—, se van posicionando los nombres de quienes serán los y las orgullosas contendientes del proceso electoral, es decir, son como las fiestas exclusivas que se publicitan en cualquier medio para que inicie el bombardeo de imágenes y notas que aparecen bajo el amparo de sus llamados procesos internos. Y ya ni qué decir de las campañas que duran 18 años.

Ha bastado una semana para confirmar los presagios que anunciaban meses muy complejos para el país. La manera en que se proyectan las candidaturas son un parámetro de cómo se definen los partidos y la manera en la que estos pueden vincularse con la sociedad. Esta palabra quizá debería escribirse con un resaltador de textos que nos obligue a mirarla con detenimiento: algo se anuda en la garganta cuando llegamos a comprender que esas personas, cuyos nombres aparecerán en las boletas electorales del 6 de junio, también son el indicativo de quiénes somos nosotros como sociedad. A pesar de que muchas cosas han cambiado a lo largo de los años, parece que no hemos logrado sacudirnos los mecanismos que, durante décadas, fueron la estrategia más elemental de los sexenios priistas y panistas: un paternalismo que ilumina la personalidad del menos carismático, las dádivas populistas y gremiales que aseguran un voto corporativo y campañas diseñadas para la porra, la matraca y, vaya épocas, los musicales. Algo falló en el sistema educativo de este país desde hace mucho.

Hay un caldo de cultivo peligroso para el 6 de junio: un Presidente —y todo el gobierno y sus huestes celestiales— que es la principal amenaza del árbitro y del proceso electoral. Pero eso es la punta de un iceberg en cuya base se pueden encontrar: violencia y asesinatos, chapulinismo, influencers, descalificaciones, ataques, personajes relacionados con NXIVM y que obraron el milagro del cambio, ataúdes de utilería, la farándula atrayendo los reflectores, etc. A río revuelto, ganancia de partidos políticos. Ellos también serán responsables de lo que suceda en el país a partir del 7 de junio.

Mientras tanto: no habrá vacunas para los médicos considerados particulares, pero sí para el gremio de maestros. Claro, cuando el ciclo escolar esté a punto de terminar a distancia.

El paréntesis de los días

Durante estas semanas serán importantes los momentos que nos permitan tomar cierta distancia de las problemáticas que nos aquejan. Te sugiero, para esta semana, la lectura de Una ballena es un país (ed. Almadía), en el que Isabel Zapata nos brinda una dimensión poética, filosófica y vital de estos animales —y muchos más—, los cuales han despertado su curiosidad. “Una ballena es un país:/ no pesa porque no tiene anatomía, tiene geografía”, dice en uno de sus textos con el lenguaje prístino de quien escribe poesía para la vida. Al leerlo, disfrutarás de este libro desde el principio.

Columna de Carlos Carranza

Excélsior

Foto: Archivoe

cdch

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