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Historias de elecciones

Durante mucho, las elecciones en el país eran meros trámites

Historias de elecciones

Hoy domingo, espero que usted vaya a ejercer su derecho como ciudadano y acuda a las urnas a emitir su voto por la opción política de su preferencia.

No nos sorprende ya el tener la posibilidad de elegir en México. Sin embargo, en cierta medida, la democracia es algo relativamente reciente en nuestro país.

Tener elecciones no es lo mismo que tener democracia. Prueba de ello es la propia historia de nuestro país.

Le invitó a hacer un breve repaso de los resultados electorales desde que tenemos periodos sexenales, es decir, desde 1934.

Aunque me referiré a las elecciones presidenciales, por ser una referencia más clara, sirven también para imaginarnos cómo eran las elecciones intermedias, como la que hoy estamos viviendo.

En 1934 contendió el candidato del Partido Nacional Revolucionario (PNR), Lázaro Cárdenas contra Antonio Villarreal, Adalberto Tejeda y Hernán Laborde. El candidato ganador, que ya sabe usted quien fue, obtuvo el 98.2 por ciento de los votos.

En 1940 hizo su debut el partido que reorganizó Cárdenas, el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), que postuló a Manuel Ávila Camacho. Fue interesante el giro. Lázaro Cárdenas, un hombre de izquierda optó por un sucesor más bien conservador.

En ese proceso contendió solamente el candidato del Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN), quien postuló al general Juan Andreu Almazán, un candidato aún más conservador que Ávila Camacho.

El ganador, que también usted sabe quien fue, obtuvo el 93.9 por ciento de los votos.

La oposición no podía aspirar sino a unos cuantos puntos porcentuales de la votación total.

En 1946 hubo un cambio radical en la clase política mexicana ya que por primera vez fue postulado por el partido mayoritario un civil: Miguel Alemán. El PRM había dejado su nombre en la historia y se convirtió en el PRI.

Aquellas fueron las primeras elecciones en las que hubo una competencia un poco más visible ya que el Partido Democrático Mexicano (PDM), de tendencia conservadora, postuló a la presidencia a quien había sido canciller del gobierno de Ávila Camacho, Ezequiel Padilla, quien obtuvo la entonces sorprendente cifra de 19.3 por ciento frente al 77.9 por ciento de Alemán.

Las casillas, como lo narra vividamente en sus “Memorias”, Gonzalo N. Santos, cacique potosino, eran controladas por los primeros que llegaban y a veces se diputaban a sangre y fuego.

En las elecciones presidenciales que siguieron, en 1952, el Partido Acción Nacional (PAN) postuló por primera vez a un candidato, Efraín González Luna, quien contendió con el presentado por el partido oficial, Adolfo Ruiz Cortines, que a la postre resultó ganador con el 74.3 por ciento de los sufragios.

La oposición principal, sin embargo, vino nuevamente de una defección del régimen, la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM), de tendencia de izquierda, que postuló al general Miguel Henríquez Guzmán, que obtuvo el 15.9 por ciento de los votos.

En 1958, el candidato del PRI fue Adolfo López Mateos. No solo fue postulado por el PRI sino -como luego ocurriría en diferentes ocasiones- también fue respaldado por el PARM y por el entonces conocido como Partido Popular, que luego se convirtió en el PPS.

Su único contrincante fue el candidato del PAN, Luis H. Álvarez. López Mateos volvió a las victorias aplastantes, con el 89.8 por ciento de los votos.

En 1964, el candidato del PRI fue Gustavo Díaz Ordaz y tuvo solamente como competidor al candidato del PAN, José González Torres, que alcanzó apenas el 11 por ciento de los votos.

La vía para llegar al gobierno era ser parte de éste y del PRI. En realidad, las elecciones eran meros trámites.

Llegamos a 1970, cuando Luis Echeverría ganó la elección que siguió a la crisis de 1968, con el 86 por ciento de los votos, frente al 14 por ciento del panista Efraín González Morfín.

Las elecciones de 1976 marcaron un parteaguas en la historia moderna del país pues José López Portillo fue el único candidato legalmente registrado. El PAN sufrió una crisis interna y no pudo lanzar candidato. López Portillo ganó con el 93.5 por ciento de los sufragios. Una parte de esa diferencia fue para Valentín Campa, candidato del Partido Comunista Mexicano, que no tenía registro.

En 1978 se presentó la reforma política más importante de la historia moderna del país, lo que condujo a que en 1982 hubiera por primera vez en la historia reciente siete candidatos presidenciales oficialmente reconocidos.

Sin embargo, el PRI seguía con el virtual monopolio del poder y Miguel de la Madrid ganó con el 71 por ciento de los votos, frente a casi el 20 por ciento de Pablo Emilio Madero, del PAN.

Como seguramente lo sabe o quizás incluso lo recuerde, las elecciones de 1988 fueron otro punto de quiebre en la historia política del país.

Un grupo de priístas encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas dejó el partido y encabezó el llamado Frente Democrático Nacional (FDN).

Aunque el candidato del PRI, Carlos Salinas, ganó la elección con el 50.2 por ciento de los votos frente al 31.1 por ciento de Cárdenas y 13.3 por ciento del panista, Manuel Clouthier, hubo reclamos de fraude que cimbraron el sistema político mexicano y nuevamente dieron lugar a diversas reformas políticas.

Las elecciones del 1994 fueron las primeras organizadas por un ente diferente al gobierno, el IFE, cuyo órgano de gobierno se ciudadanizó.

El resultado fue el registro de 10 candidatos, pero en una competencia de 3: Ernesto Zedillo del PRI; Cuauhtémoc Cárdenas del recién fundado PRD y Diego Fernández de Cevallos del PAN.

El triunfo de Zedillo con el 48.69 por ciento de los votos frente al 26 por ciento del PAN y cerca del 17 por ciento del PRD, inauguró la era de competencias democráticas reales en México y anticipó la primera alternancia presidencial que ocurrió en el año 2000.

Como le decía al principio, la real democracia mexicana es un producto nuevo y diferente a los procesos electorales que tuvimos por muchas décadas.

Podar tener opciones para votar hoy no ha sido gratuito. Más nos vale apreciarlo.

Columna de Enrique Quintana

El Financiero

Foto: Archivoe

cdch

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