Puebla, Pue.- El 24 de junio, el mero día de San Juan, el Padre Gus, el padre de los migrantes en Puebla, ha muerto víctima de cáncer de pulmón.
Contra viento y marea, supo sortear todos los obstáculos y apoyar a los migrantes en su vano sueño de buscar una mejor vida en Estados Unidos.
En la parroquia de la Asunción, en la colonia Aquiles Serdán, dio techo y comida a migrantes, hombres, mujeres y niños que buscaban un refugio temporal.
Nunca le importaron amenazas ni llamados de autoridades civiles o religiosas que le pidieron dedicarse sólo a sus labores espirituales.
Siendo seminarista, le dice a Teresa Sevilla en entrevistas realizadas hace dos décadas, un hecho me marcó y decidí caminar junto con los pobres. Ese hecho fue una masacre de campesinos ocurrida en enero de 1970 por parte del ejército en Monte Chila de Jolapa en Puebla. Y pasó mucho tiempo antes de que el ejército nos dejara que los enterráramos.
No justifica al ejército, sin embargo, reconoce que los alborotadores al verse rodeados por los soldados, empezaron a disparar a los campesinos. Entonces los campesinos al creer que era el ejército, empiezan también a disparar, lo que desata los hechos donde son asesinados 325 personas, entre mujeres, hombres y niños.
Durante la presentación del libro de Teresa Sevilla, Caminar juntos, con los pobres, también recordó que algunas veces tuvieron que esconder a universitarios como Joel Arriaga y Enrique Cabrera, pues las autoridades los buscaban en esos convulsos años setenta.
Los cómos de nuestra actividad lo aprendíamos al caminar juntos, con los pobres, explica. Y recuerda también las lecturas de Pablo Freire, teórico y filósofo brasileño de la Pedagogía del oprimido.
Hoy un día nublado, feligreses, activistas, colonos, familiares y hasta mariachis despiden al Padre Gus, como lo conocían los migrantes.
Un hombre comprometido con su tiempo, con los necesitados, con los pobres, con la doctrina de Jesús.
Ofició el obispo, al final de la misa de hoy, dieron mole, arroz y agua, como para recordar su labor en esta parroquia que fue un refugio.
Texto y foto: Serafín Vázquez
cdch
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