Fernanda Rocha Kanner, madre de una influencer brasileña de 14 años, conocida en redes sociales como Nina Rios, decidió eliminar las cuentas de su hija en Instagram y TikTok con casi dos millones de seguidores.
“No quiero que mi brillante hija haga sus bailes diarios como un babuino entrenado”, dijo Fernanda Rocha Kanner en un mensaje en el que justificó la decisión de cerrar las cuentas de su hija en aquellas redes sociales.
“No creo que sea saludable ni siquiera para un adulto y mucho menos para un adolescente basar su autodescubrimiento en la retroalimentación en línea”.
Al margen de lo polémico que pueda resultar, y las opiniones encontradas de este caso en específico, lo innegable es el crecimiento de las audiencias vía redes sociales. Si bien para el caso de las empresas han influido en la forma como deben generar su mercadeo, ya que el público confía más en la experiencia que le transmite un influencer que en la promoción tradicional en medios, para la sociedad en general el fenómeno de los likes es más complejo.
Porque si bien tenemos a los influencers, quienes han logrado triunfar en estos ambientes virtuales, son millones los que sueñan con convertirse en uno o con conseguir la aceptación social de las redes.
¿Qué se está dispuesto a hacer por conseguir un me gusta, un seguidor, un corazón? De acuerdo con una publicación en El Mundo en 2018, con datos de Omnicore, cada día se dan 4 mil 200 millones de likes en Instagram y se suben 95 millones de fotos y videos. Para dar mayor contexto y agregar un nivel de alerta tenemos TikTok.
En marzo de 2020, cuando a escala mundial empezaban la serie de cuarentenas que se han sucedido indefinidamente a causa de la pandemia, una aplicación lograba posicionarse de manera avasalladora sobre todas las demás: Tik Tok. Según El País, esta aplicación china fue la más descargada en todo el mundo con un total de 115.2 millones de descargas, 98.4 por ciento más que en el mismo mes del año anterior. Pero el nivel de su éxito parece ser directamente proporcional al de sus riesgos. Una investigación llevada a cabo por el diario The Telegraph ha puesto de manifiesto que no sólo hay perfiles de adultos que interactúan y observan la actividad de los menores, sino que, cuando los responsables de la aplicación, ByteDance, descubrían su actividad, sólo cerraban sus cuentas durante una semana, pudiendo volver rápidamente a usar su perfil. Se entiende que los riesgos de las aplicaciónes dependen del uso que se haga de ellas.
La pregunta es si estamos propiciando generaciones con el criterio para detectar los riesgos en aceptar retos peligrosos o zanjar el ciberacoso y no caer en manos de pederastas. Al parecer, el problema de las redes sociales y sus usos nos sobrepasó y exige respuestas mucho antes de que pudiéramos ser conscientes de ello.
Hay que aprender y enseñar a los más jóvenes que internet no olvida. Y que el contenido permanecerá siempre en algún lugar del ciberespacio. Y que, en efecto, la fama que deja no es necesariamente sinónimo de éxito en la vida, que tiene retos mucho más complejos que los virales.
No se trata de entrar a una burbuja sin conectividad sino de entender que si bien el internet nos ha dado el poder de estar en todos lados, también hay que recordar la frase más célebre de Spider-Man: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Columna de SARAI AGUILAR ARRIOZOLA
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