Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de Mexico, anunció el pasado lunes que emplazaría una estatua de una mujer olmeca en el privilegiado sitio que algún día ocupó Cristobal Colón en la plaza del mismo nombre, en la bellísima Avenida Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.
Con ello las autoridades capitalinas ponen fin a más de ciento veinte años de la Plaza Colón; una bella glorieta inaugurada hacia finales del siglo XIX.
El presidente AMLO, al igual que Claudia Sheinbaum y todos aquellos que buscan manipular la historia de México según convenga a sus intereses políticos, se han autoerigido en revisionistas históricos; entendido el revisionismo como la voluntad de especialistas de modificar los sucesos del pasado con el propósito de brindarles una nueva interpretación. Desafortunadamente, nuestras autoridades federal y capitalina distan enormemente de contar con la mínima autoridad intelectual para enseñar la Historia a la luz de su propia interpretación .
Como bien expresé en este espacio de SDPNoticias en mi columna intitulada “En defensa de la herencia española”, la nación mexicana no se reduce a la cultura olmeca, teotihuacana, azteca o maya, sino que nació tras la unión de culturas y como el resultado de un mestizaje surgido tras trescientos años de herencia cultural. En otras palabras, México no es Tenochtitlán, ni Chichen-Itzá ni Palenque ni la España imperial, sino la nación surgida tras el encuentro de dos mundos.
Ciertamente vale reconocer que la defensa de la memoria de Cristóbal Colón puede resultar insuficiente, pues el célebre navegante, no obstante su indiscutible contribución a la historia del mundo occidental, no nació en tierras mexicanas. ¡Ni siquiera era español! En adición a ello, según nos narran los historiadores, Colón jamás pisó suelo mexicano. Por ello, ante el argumento sobre la idoneidad del homenaje al genovés en pleno Paseo de la Reforma resulta claramente débil frente a la legitimidad de la presencia de la mujer olmeca: representante de la rica cultura prehispánica asentada en los actuales estados de Tabasco y Veracruz.
Sin embargo, el retiro de la estatua de Colón y su emplazamiento en un desconocido rincón de la ciudad sí que representa un intento deplorable de las autoridades de la Ciudad de México de revisar la historia del país derivado de sus intereses políticos ¡como si ellos tuviesen las credenciales académicas para hacerlo! En este contexto, sí que suscribo la idea de que tal decisión no debió ser ejercida, y en todo caso, debió ser sometida a la opinión de los residentes de la capital.
¿Pensarán AMLO y Sheinbaum demoler el Castillo de Chapultepec? ¿Sabrá el presidente que fue construido en tiempos del usurpador extranjero Maximiliano de Habsburgo, acérrimo enemigo de Benito Juárez? ¿ y que su diseño fue inspirado en el Castillo de Miramar? ¿O que el Palacio de Bellas Artes fue erigido e inaugurado bajo el gobierno del malévolo Porfirio Díaz?
El intento de revisionismo histórico perpetrado por las autoridades es reprobable, lamentable e ilegítimo. No fueron votados para ello, sino para instrumentar políticas públicas en favor de los mexicanos… justamente en lo que han fallado.
Columna de José Miguel Calderón
Sdpnoticias
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