Gil trae entre manos una gran historia que pescó en el río revuelto de la vida pública. El Comité Disciplinario de la Concacaf prepara una severa sanción por una presunta violación de normas éticas tras el partido entre el Inter Moengotapoe, de Surinam, y el Olimpia de Honduras, disputado en Paramaribo. La Concacaf recurrió a este tribunal luego de que Ronnie Brunswijk, presidente, dueño del equipo Inter Moengotapoe y vicepresidente de Surinam apareciera en el césped con sus arreos de jugador profesional. Los de Surinam perdieron 6 a 0. Media docena de ostión.
La noche empezó con Brunswijk en la cancha a sus 60 años como delantero y con el número 61 en la casaca como símbolo del año en que nació, y desde luego el brazalete de capitán. Caray, ya nadie puede hacer realidad sus sueños porque empiezan las quejas envidiosas.
Gil imagina que Brunswijk dijo: pues me van a perdonar, pero yo esta noche juego en mi equipo de centro delantero. Los jugadores habían aprobado la solicitud de Brunswijk de participar en el partido durante quince minutos, pero finalmente lo hizo durante 55 en el estadio que, además, lleva su nombre.
Así, de golpe y porrazo, el vicepresidente de Surinam se convirtió en el jugador más longevo (60 años y 198 días) en disputar un partido internacional oficial y lo hizo con uno de sus numerosos hijos, Damián, número 10, de acompañante en la delantera. Siempre es bueno acompañarse de un hijo en la delantera, alguien que sirva pases de gol. Gil se entusiasmó: ¡qué viva Brunswijk! Un hombre decidido a cumplir sus sueños.
Polifacético y fértil
Según un perfil publicado en The New York Times, Brunswijk ha sido “un paracaidista de élite, un jugador de fútbol, un ladrón de bancos buscado por la justicia, un líder guerrillero, un barón del oro y padre de al menos 50 hijos”. Por oficios, no paramos.
“Su madre ha dicho que tiene tanta descendencia, que personas desconocidas a veces le piden abrazarla, alegando ser sus nietos”. Abrázame y abre el ropero, soy tu nieto, abuelita.
Brunswijk es un influyente empresario. Vea si no: posee una isla privada en el río Marowijne, tiene seis minas de oro y desde julio de 2020 es vicepresidente de Surinam. Fundó y dirigió el grupo rebelde Comando de la Selva, que buscaba liberar al país de la dictadura militar, durante la llamada Guerra Interior a fines de la década de 1980. Brunswijk se convirtió en uno de los primeros 12 paracaidistas de Surinam y fue enviado a un duro entrenamiento militar en Cuba, todo esto de acuerdo con The New York Times.
Brunswijk no es monedita de oro, tiene sus pequeños defectos. En 1999 un tribunal holandés lo acusó de tráfico de drogas y fue condenado en ausencia a ocho años de prisión. En Francia también lo amenazan con cárcel por narcotraficante. En Surinam lo enjuiciaron por un presunto robo a un banco durante la Guerra Interior. Brunswijk negó su culpabilidad en todos los casos y ha dicho que adquirió su riqueza a través del comercio de oro. ¿Todo lo que brilla es oro? También se comenta que es conocido con el apodo de “Robin Hood”.
En noviembre de 2005 fue suspendido cinco años por amenazar al presidente de un club de fútbol con una pistola durante un partido, pero la sanción se retiró “por falta de pruebas”. En junio de 2012 fue suspendido un año por golpear a un árbitro y un jugador. Brunswijk tiene su carácter, no vayan a creer.
Después del partido del martes 21 de septiembre, un Brunswijk sin camiseta llegó al vestuario de los hondureños para entregar dinero en efectivo a los jugadores del Olimpia: “Creo que el club hondureño ha hecho un gran fútbol, y como el jugador de mayor edad he recompensado a los integrantes de ese equipo”.
“No veo nada malo en mostrar mi gratitud de esta manera”, dijo Brunswijk, que añadió que podría haber jugado todo el partido, pero decidió abandonar el campo minutos después del segundo tiempo.
Gabinete de curiosidades
Bofes: se dice de las entrañas, particularmente de los animales, y también se aplica a las entrañas de los hombres en la expresión echar los bofes cuando uno vomita o está acezando por cansancio.
Vino esta palabra de la imagen de bufar o bofar, que se inventó como la imitación de un resoplido. La expresión echar los bofes significaba antaño tener ansia por alguna persona o cosa.
https://www.milenio.com/opinion/gil-games/uno-hasta-el-fondo/un-sueno-realizado
Columna Uno hasta el Fondo de Gil Gamés en Milenio
Foto: archivom
CRC/clh
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