Hay muchas especulaciones en torno al proceso una vez que el propio presidente adelantó, desde el mes de julio, la sucesión del 2024.
Y es que no solo se juega el destino del país con un proyecto auténtico que nació de la lucha democrática, sino también la consolidación de las instituciones del Estado, su función y su operación.
Morena es inmensamente el favorito, pero, es un hecho, que parte de esa funcionalidad depende en gran medida de la unidad y la cohesión con las expresiones y de la transparencia de sus mecanismos que, hasta ahora, son oscuros e inciertos y han provocado, en muchas ocasiones, un clima tenso porque se ha llegado a pensar que varias de esas decisiones son tomadas de manera unilateral.
Un claro ejemplo se vivirá en las elecciones del 2022 donde Morena, no hay duda que ganará cinco de seis entidades; sin embargo, ese precedente puede ser, en ese momento, el inicio de un punto de quiebre que poco a poco vaya minando el desdén sino trabajan y reforman reglas de participación claras.
Recordemos que Morena no tiene, en estos momentos, una estructura sólida como partido; el motor que le da vida orgánica sigue siendo, hasta este momento, la imagen del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y los referentes claves desde el Legislativo federal.
Así, Morena ha podido extender su dominio, no obstante, esa etapa se puede diluir en cualquier momento porque -para sostener un inmenso movimiento social- se necesita la imagen de un liderazgo o, en su defecto, una organización bien coordinada y con mecanismos de operatividad democráticos considerando, eso sí, la manifestación de las bases en su toma de decisiones.
Morena está en pleno proceso de consolidación. Desde su fundación hasta ahora, no ha tenido una solidez; si bien la inercia de la imagen de López Obrador ha sido, en todo caso, el pivote predominante para ganar elecciones.
Dado que la oposición no dio el ancho, eso le ha permitido y ha sido factor favorable para extender la hegemonía, espero, no siempre puede mantener viva esa esperanza ni depender tanto de la figura de López Obrador.
Llegará el momento en que Morena tenga que definir su rumbo sin el presidente. No será fácil salvo que se considere, a partir de este momento, una reestructuración desde la construcción hasta los componentes que dan vida.
Es decir, que el partido no se límite ni mucho menos resuelva las candidaturas a elección popular con un método que, hasta cierto punto, es intransigente. En tanto no se reforme el estatuto, Morena seguirá a merced de la polarización que por lo general propicia la división y el descontento.
Morena tuvo una experiencia en 2021. Por ello y en aras de la consolidación de la fase electoral del 2024, el partido de abrir el abanico a la democratización. Pareciera que la encuesta es un mecanismo democrático, pero no lo es, al menos, hasta que no se transparente la metodología y se publiquen los resultados que nadie conoce.
Mientras eso siga operando así, poco a poco el proyecto político irá en franca decadencia.
Vale mucho la pena reconfigurar porque, el gobierno en el poder ha demostrado voluntad, responsabilidad y trabajo. Eso, evidentemente, lo liga al partido que lo llevó al gobierno, y para alcanzar ese punto de madurez que es indispensable para legitimar las acciones es necesario, desde ya, abrir y conformar órganos estratégicos en su toma de decisiones.
La elección primaria es, hoy en día, una alternativa viable. Para ello, Morena deberá, en un congreso nacional, tomar la decisión de modificar los estatutos y dar, de una vez por todas, acceso a la consolidación de la democracia interna.
Por ello, ese panorama luce alentador; hay voces desde adentro que, desde hace mucho tiempo, muestran su interés por buscar nuevas directrices.
A diferencia de la encuesta, una elección primaria puede regular más la demanda de los aspirantes y tomar en cuenta la determinación de los militantes y simpatizantes, en otras palabras, que la sociedad decida, pero con una alternativa desde adentro para preservar la resolución de una competencia con legitimidad de las bases del partido.
Que sean ellos quienes tomen el rumbo y resuelvan a favor del candidato(a) que más cualidades detecten y que garanticen el gran respaldo social.
Columna de Javier Lozano en SDP Noticias
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