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La invasión la decide China

Vladimir Putin no se lanzará a buscar un conflicto bélico si no tiene el ‘espaldarazo’ de Xi Jinping, escribe Pablo Hiriart

La invasión la decide China

Miami, Fl.- Desde el sábado en la noche el gobierno de Estados Unidos esperaba la invasión rusa a Ucrania “en cualquier momento”.

La reunión del viernes en Pekín entre los dictadores de Rusia y China, cambió todo.

Lo que era una posibilidad, ahora se ve como un hecho inminente en el horizonte cercano.

Xi Jinping tiene la palabra sobre la hondura y alcance del conflicto que Putin ha estado preparando. O se trata de una guerra rápida para instalar un gobierno títere de Rusia en Kiev.

O Putin va a mantener un ejército de ocupación en Ucrania para luego expandir “la gran Rusia” hasta fronteras semejantes a las que tenía el Pacto de Varsovia.

O viene una guerra más amplia para establecer un nuevo orden mundial que refleje el creciente poderío chino.

Sin el visto bueno de Xi Jinping, Putin no se lanzará a una operación bélica de la que saldrá mal librado, no porque pierda la guerra contra el sufrido pueblo ucraniano, sino por el rigor de las sanciones posteriores.

En el comunicado conjunto, los dictadores ruso y chino acusan a la OTAN de adoptar una “ideología de Guerra Fría”, y se oponen a “su expansionismo” y a los pactos de defensa en Asia-Pacífico.

Hay mucho de mentira en ellos. La OTAN era una herramienta en desuso y Europa ve hoy una penosa realidad: para ser políticamente fuerte necesita poderío militar, y no lo tiene.

Se trata de una realidad terrible e indeseable, que se creía superada con la caída del bloque soviético. La pesadilla ha vuelto.

De las tres posibilidades, con algo de optimismo y una hojeada a los libros de historia, la tercera podría descartarse.

China no tiene una tradición expansionista. Pudo ser potencia marítima y dominar el mundo antes de 1492, y deliberadamente no lo quiso hacer.

Por siglos construyó una muralla para que nadie se meta con ella. Vivían bien, con un gran mercado interno.

Cuando llegaban los barcos de Europa a China, no tenían nada qué venderles a los chinos. Al contrario, los europeos le compraban a ellos, y debían pagar con plata, de lo contrario no les vendían.

A China le importa un comino el tema ideológico y no quiere imponer su ideología en ningún lado del mundo, como sí fue el caso de la Rusia soviética.

Lo que China pretende ahora, es que la dejen comerciar tranquila sin inmiscuirse en temas de derechos humanos ni de libertades públicas e individuales.

Y algo más, donde está lo sensible: China quiere poner fin a la guerra civil iniciada –y ganada- por Mao en 1927-1949.

Terminarla quiere decir recuperar la soberanía de Taiwán, tomar el control político total de Hong Kong (reducir las libertades que se había comprometido a respetar), y apropiarse de lo que pomposamente llama el “mar de China”, en el sudeste asiático.

Si lo anterior se da en esta ocasión, ahí sí estaríamos hablando de una posible guerra mundial.

Todo eso gravitó en la reunión del viernes en Pekín.

Xi Jinping es el amo de Putin, y no va a dañar con una conflagración planetaria a su mayor prioridad: China, y de convertirla en la principal economía del mundo.

Estados Unidos es su principal socio comercial. Una guerra no es conveniente para ninguno de los dos países.

Por ahora, la invasión rusa podría circunscribirse a tomar la capital ucraniana a instalar un gobierno leal a Moscú.

La comunidad de inteligencia de Estados Unidos calcula que la invasión costaría la vida a unos 50 mil civiles y arrojaría a cinco millones de personas a emigrar en busca de asilo.

Un día después de la reunión Putin-Xi, Rusia mandó más unidades de combate a la frontera con Ucrania, y a la frontera bielorrusa con Ucrania.

El asalto estaría a cargo de 83 grupos tácticos compuestos por 750 soldados cada uno. Como apoyo a la invasión encabezada por esas unidades de élite, hay decenas de miles de elementos para apoyo aéreo y médico.

De hecho, según los organismos de inteligencia de este país, ya no son 100 mil las tropas rusas en las fronteras con Ucrania, sino 130 mil, y entre 20 y 30 barcos de guerra en el Mar Negro para un ataque anfibio.

Estados Unidos continúa enviando soldados a Europa, además de los que ya tiene: 85 mil, para la defensa de sus aliados.

¿Cuándo la invasión?

En cualquier momento se piensa aquí.

Otros, más realistas, afirman que se dará una vez que terminen los juegos olímpicos de invierno en China, para no quitarle reflectores al evento político-deportivo de Xi Jinping.

En todo caso, la maquinaria criminal contra un país soberano ya está en marcha.

Columna Uso de Razón de Pablo Hiriart en El Financiero

Fotografía

clh

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