Vil gatopardismo, “que todo cambie para que todo queda igual” fue la “sanción” hacia el Club Querétaro por los hechos sangrientos, aún no aclarados, ocurridos en el estadio Corregidora el pasado sábado.
No se desafilió al equipo, presuntamente aún propiedad de Grupo Caliente (en flagrante violación de la cláusula contra la multipropiedad). Simplemente se les “castigará” jugando un año a puerta cerrada y listo.
Las “barras bravas”, a quienes el fracasado ex candidato del PRI a la jefatura de gobierno de la CDMX, Mikel Arriola, insiste en llamar bajo el falsario eufemismo de “grupos de animación”, no serán erradicadas del fútbol mexicano. Seguirá existiendo el riesgo de otro enfrentamiento mortífero como el ocurrido.
Los miembros de la administración actual de Querétaro, incluyendo Adolfo Ríos, quien resguardó a aficionados de Atlas en peligro, serán inhabilitados cinco años.
El resto de las “sanciones”, incluyendo una económica por una cantidad irrisoria, no vale ni la pena mencionarlas. Se privilegió el negocio y el intento por hacer ver que aquí no pasó nada.
No se hizo, ni se hará justicia. Que siga fluyendo el dinero, que siga la fiesta.
Columna de Manuel Ibarra en SDP Noticias
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