“La libertad de expresión tiene sus límites. Esos límites comienzan cuando se propaga el odio. Empiezan cuando la dignidad de otra persona es violada”
Angela Merkel en mensaje al Bundestag
La narrativa y la forma de comunicar del presidente López Obrador y de su equipo de comunicación, sobre todo, de su jefe de propaganda Epigmenio Ibarra y su vocero, Jesús Ramírez Cuevas, los está enfrentando a una realidad que los pone contra la pared o más bien, contra el pueblo de México.
Desde el inicio del año una serie de hechos desafortunados han puesto en entre dicho el mundo ideal de AMLO, la realidad lo está avasallando y sus estrategas de comunicación no han entendido que no se puede gobernar solamente con el discurso, que gobernar no es echar culpas a diestra y siniestra, que no se puede gobernar con dogmas, ni vendiendo falsas esperanzas, que no se puede gobernar polarizando a la sociedad con discursos incendiarios, ni alimentando el odio y la descalificación contra sus “adversarios”.
La realidad es implacable
Lo que AMLO enfrenta, es un país con una inseguridad incontrolable, el problema que prometió resolver en seis meses, cada vez es más grave, con asesinatos, masacres, feminicidios, desapariciones, narcomenudeo y confrontaciones de la delincuencia organizada, la narrativa de que su gobierno ha atendido estos problemas mejor que nadie, ya no es creíble. Su reunión matutina con el gabinete de seguridad es una muletilla más y lo deja como un mentiroso o bien, es la evidencia de su incapacidad para atender un problema tan grave.
También su narrativa en materia de salud lo ha colocado en la peor de las posiciones. Prometió un sistema de salud como el de Noruega o Dinamarca y lo que logró fue la destrucción del sistema que mal que bien funcionaba, su discurso quedó totalmente superado.Ineficientes
Faltan medicamentos, y los pocos que hay, por falta de organización, se caducan en las bodegas. Al inicio de su mandato canceló un programa que sí funcionaba, como el Seguro Popular y lo cambió por el INSABI, un rotundo fracaso y ahora anuncia como una gran innovación, la creación del IMSS Bienestar, una copia fiel del programa de Salinas de Gortari “IMSS Solidaridad”. No hay narrativa que valga para tapar el fracaso en este sector.
Otro de sus grandes discursos demagógicos, que en campaña le sacó muchísimo provecho, es el de combate a la corrupción, pero ya como presidente, se le cae a pedazos. Aquí su retórica ya no lo pudo ni podrá sacar adelante. Un solo evento, el de la famosa “casa gris”, dimensionó la posible corrupción de este gobierno y lo protagonizaron su hijo José Ramón, su nuera y el tráfico de influencias de una empresa de energía y los contratos millonarios de Pemex.
Este evento fue un parteaguas. A partir de que se publicó la información, el presidente ocupa su mañanera en tratar de desviar la atención, sin lograrlo, contra Loret de Mola, el periodista que tuvo el valor de publicarla. También intentó desmentir la información, pero a partir de eso se recordó lo de sus hermanos Pio y Martín, los contratos de su prima hermana Felipa con Pemex, los moches de su sobrina, las casas de Bartlett, los contratos y asignaciones en la Conade, etcétera.
Este asunto es como arena movediza para AMLO, mientras más intenta defender a su hijo, más se hunde. Su narrativa ya no es efectiva, porque los hechos constantemente lo desmienten.
Aunque al momento de rendir protesta como presidente lo juró, AMLO ya no puede decirse un demócrata que respeta alas instituciones, a la constitución y las leyes que de ella emanan. Qué paso con aquello de que no es igual a sus antecesores, ese discurso lo superó con su propio actuar.
Una narrativa más falsa que una moneda de mil dólares.
Con la reforma eléctrica ha dado instrucciones a los magistrados para tratar de detener algo que es claramente inconstitucional, miente abiertamente acerca de lo dictaminado en la Corte sobre la LIE y ordena a la bancada de Morena y sus aliados a evitar que se vote su iniciativa y no alcanzar las 2/3 partes que requiere, pide que sea votada “en lo oscurito” en domingo, para ver si con eso evita que los legisladores de oposición asistan.
Qué decir de la revocación de mandato, donde mandó a su “tapado”, Adán Augusto López, y a la regenta Claudia Sheinbaum, a violentar cínicamente la ley que él mismo redactó y al líder de su partido, Mario Delgado, a realizar toda una operación de acarreo y de practicas que ya se creían superadas.
Debe haber un límite
Lo dijo de manera magistral la que fuera la mujer más poderosa del mundo, gran representante de la democracia representativa, Angela Merkel: “La libertad de expresión tiene sus límites. Esos límites comienzan cuando se propaga el odio. Empiezan cuando la dignidad de otra persona es violada”. AMLO no tiene límites.
Pero su narrativa, propaganda y el discurso de odio ya le comienzan a pasar factura. Si bien las mañaneras fueron el vehículo más importante de su legitimación, la realidad lo contrasta. Gobierna con un gabinete ineficaz y corrupto respaldado por un partido que aspira en convertirse en un partido único, más allá del partido hegemónico que fue el PRI, pasar como los partidos comunistas a un solo partido, a un solo medio de comunicación y a una sola fuente de información, o sea él.
La presidencia de AMLO está quedando sepultada bajo la falta de resultados y de coherencia y, por supuesto, por la narrativa oficial.
Columna de Manuel Díaz en SDP Noticias
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