Louise Loo, economista de Oxford Economics, dijo en una nota:
"La buena noticia es que ahora hay señales de estabilización, ya que la política de apoyo adoptada hacia fines de 2022 se evidencia en la relativa resiliencia de la inversión en infraestructura y el crecimiento crediticio".
Las dificultades económicas chinas del año pasado repercuten en la cadena mundial de suministros, ya afectada por el declive en la demanda. Los confinamientos, cuarentenas y pruebas masivas obligatorias por el covid-19 provocaron el cierre de fábricas y negocios en ciudades grandes como Zhengzhou, sede de la mayor fábrica mundial de iPhone. Sin embargo, Pekín levantó súbitamente las restricciones a inicios de diciembre, tras una serie de protestas en todo el país. El Banco Mundial proyectó entonces que el PIB chino se recuperará a 4,3% en 2023, una cifra inferior a las expectativas. sin embargo, el país enfrenta un repunte en contagios de covid-19 que desbordó sus hospitales y personal de salud. De igual forma, los problemas en el sector inmobiliario afectaron el crecimiento. El sector inmobiliario junto al de la construcción representa más de un cuarto del PIB chino, ha sufrido desde 2020, cuando China comenzó a controlar su excesivo endeudamiento y la especulación. Ese endurecimiento regulatorio marcó el comienzo de las preocupaciones financieras de Evergrande, exlíder inmobiliario chino que ahora está asfixiado por su enorme deuda. Las ventas de propiedades cayeron en varias ciudades y muchos desarrolladores luchan por subsistir. El Gobierno chino parece haber adoptado un tono más conciliador para revivir este sector, con medidas anunciadas en noviembre para promover su desarrollo "estable y sano". Dichas medidas incluyen apoyo crediticio para empresas endeudadas y asistencia en préstamos para compradores de casa. Foto: Prensa Latina lsm (afp, reuters)
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