“Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad.”
FEDERICO GARCÍA LORCA
“Recuerda el pacto. Nada de política.”
ÚRSULA CORBERÓ
La noche de los cuchillos largos está por iniciar. De forma por demás contradictoria eso es lo que anhelan en Morena muchos de sus integrantes.
Algunos para afianzarse en una carrera que se torna cada vez más extraña —por no decir falsa— y otros para aprovechar la rebatinga para hacerse de posiciones y “vender” caro su apoyo al posible ganador de la candidatura por la Presidencia.
La oposición también espera que Morena se divida y resquebraje para sacar por ahí una que otra ventaja. ¿Algo conseguirán?
El destape de las corcholatas —las oficiales y las que suspiran por serlo— se inició a mediados de 2021, pero algunos de los contendientes ven cada día más menguadas sus posibilidades (si es que alguna vez las tuvieron).
Marcelo Ebrard ya sabe que él no es y puso ya un pie fuera. Encima, el show anti diplomático dado en Palacio Nacional en contra de la embajadora Martha Bárcena, si bien tibiamente apoyado por López Obrador, dibuja el cobro de una muy cara factura tanto en el personal de carrera, como en las mismas huestes de la 4T. En el sucio jaleo todos los involucrados olvidaron la máxima de “la ropa sucia se lava en casa”; ¿representantes de las relaciones exteriores del país?, ¿diplomacia a ultranza? Quizá todo fue una forma de ventilar que el canciller no es ni será el predilecto de Morena.
Ricardo Monreal, por su parte, nunca volvió a estar adentro. Aunque ya tiene el título de “corcholata”, sus idas y vaivenes, y su pusilánime actuación en el Senado cuando se votó el Plan B, mostró una persona que no quiere quedar mal ni con López Obrador (la parte de la bancada morenista que él maneja votó a favor) ni con la oposición (él votó en contra). ¿Es eso algo malo? En estricto sentido, no. Pero a los ojos del elector mayor que, seamos francos, es el único que cuenta para definir el abanderado —y quien se rige bajo la premisa de “están conmigo o contra mí”—, sí.
Monreal además olvidó que cuando las amenazas no se cumplen, pierde quien las hace. Su cantaleta de “diciembre me gustó para que me vaya” se quedó en eso, en una canción desesperada…
Se barrunta que Marcelo y Ricardo Monreal tienen un pacto entre ambos para apoyarse. No extraña exista tal lectura. Después de todo, saben bien que solos no llegarán a la tan añorada y ansiada candidatura. Lo que no está tan claro es otra cosa: ¿ese pacto incluye salir de Morena cuando los desechen o continuar dentro para tratar de forzar la mano y conseguir otro tipo de prebendas? Si a Monreal le ofrecen la candidatura de la Ciudad de México —cosa que dudo mucho—, ¿a Ebrard qué le pueden dar?
Pero ya que estoy hablando de pactos, se presume hay otro en el que supuestamente Augusto y Ricardo están muy “a-gusto”.Las posibles razones de este arreglo son infinitas. Pero conociendo cómo se mueven los chicos de Regeneración Nacional, más bien parece un entendimiento temporal que solo será utilizado para traicionar a la contraparte. ¿El ganón? El que se desdiga primero. Mi apuesta es que se trata de una trampa que le tiende AMLO a Monreal vía López Hernández. En fin.
La oposición cuenta con el desgajamiento de Morena. Lo que está sucediendo en Coahuila les da ánimo. Ven con regocijo cómo el quiebre entre Armando Guadiana y Ricardo Mejía le costará la gubernatura a la 4T (¡caray, con qué poco se conforman!). PAN, PRD, PRI no deberían hacerse falsas ilusiones. Ni poner todas sus esperanzas en un posible quiebre de la 4T rumbo al 2024.
Y es que si de apuestas se trata, yo apuesto que ese cálculo ya lo hizo López Obrador y casi seguro ya lo tiene asumido. ¿Piensa poder mantener el control del partido a pesar de las salidas y rompimientos? Seguramente.
Conoce a su gente y es probable le apueste a que Monreal o Adán o el mismo Ebrard termine apuñalando por la espalda a los mencionados pactos traicioneros, sea quedándose en Morena o restándole afectación al rompimiento. No cualquiera es un Cuauhtémoc Cárdenas o un Porfirio Muñoz Ledo, ¿verdad?
El rompimiento de Morena, si se da, no será cómo cuando los antes mencionados personajes dejaron al PRI. No señor.
De hecho, cada vez me convenzo más de que las patadas por debajo de la mesa, el zipi zape entre una encuesta, dos o cinco es una forma del primer mandatario de desgastar a las corcholatas… Divertirse, pues.
López Obrador tratará de conservar el poder, no en balde el ataque absoluto contra el INE y los cambios que revocan parte del ejercicio democrático del país. Pero si no puede quedarse en Palacio Nacional, buscará que lo haga quien le garantice impunidad después del 2024. Y, ¡cómo son las cosas!, eso elimina de facto a Ebrard y a Monreal…
Deja el camino abierto a Adán Augusto, su amigo, quien le apoyó en Tabasco hace años y a Claudia (aunque ella, a diferencia del tabasqueño Augusto, sabe que tendría que realizar muchos cambios con carácter de urgente). Menos mal.
Algo, o un mucho de esto, comienzan a reflejar las principales encuestas de opinión pública rumbo a la definición del candidato de Morena para la Presidencia en el 2024. Échense un clavado en los datos que arrojan estas y lo verán. El pueblo es sabio.
¡Ah!, y mientras la oposición sigue sin despegar, las cábalas grillescas y políticas se multiplican y algunos apuestan a la implosión de Morena para que la oposición pueda ganar, hay espacio para gente como Fernández Noroña… Su problema es vivir enojando porque no está dentro de la estrategia del presidente el convertirlo en corcholata. Ni tan serio problema, la verdad.
Columna de Verónica Malo en SDP Noticias
Foto de Adolfo Vladimir
clh
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