No hay duda que las acusaciones en contra de Genaro García Luna son de la mayor relevancia. Han tenido un impacto político sin precedente. AMLO y el partido oficial han buscado hacer de la decisión del jurado en Nueva York un arma política para denostar a la oposición, a la vez que ellos alzarse como las fuentes de legitimidad y honradez ante un PAN carcomido por la corrupción.
La realidad, empero, es más compleja. Si bien es verdad que el panismo, y muy en particular, los grupos del partido cercanos a Felipe Calderón y a su gabinete de seguridad, ha resultado severamente afectado por las revelaciones surgidas en el juicio, ha sido el Estado mexicano el que ha quedado expuesto como un aparato político, administrativo y burocrático incapaz de autogobernarse y de hacer frente a los cárteles de las drogas.
Por el contrario, se ha mostrado que el incremento en el consumo de drogas en Estados Unidos, y con ello, el crecimiento de la demanda de sustancias ilegales, ha provocado la penetración del crimen en todas las estructuras del Estado, desde alcaldes, presidentes municipales y gobernadores, hasta secretarios de primera fila.
En otras palabras, los gobiernos de México y Estados Unidos, en sus esfuerzos conjuntos para erradicar el tráfico ilegal de drogas hacia el vecino del norte, han fracasado en una estrategia de seguridad caracterizada por la violencia (del lado sur de la frontera, desde luego) las intromisiones estadounidenses en asuntos internos de México y por el aumento en el consumo de drogas duras como el fentanilo, opioide que hoy es responsable de la muerte de miles de personas en América del Norte.
La guerra contra las drogas también ha sido causa de tensión y desencuentros de dos socios comerciales en una de las regiones más dinámicas del mundo. Expresado de otra manera, el combate contra el narcotráfico ha recrudecido y ensangrentado una relación bilateral compleja por naturaleza.
Las lamentables revelaciones sacadas a la luz durante el juicio contra Genaro García Luna son la antesala de nuevas investigaciones que serán conducidas por el gobierno de Estados Unidos. Por tanto, AMLO y su administración, hoy satisfechos con el resultado del juicio y con las ganancias políticas obtenidas rumbo a 2024, deberán estar atentos pues ha sido comprobado que la tentación por el poder y el dinero alcanzan a altos funcionarios de todos los colores partidistas. Ninguno es inmaculado ni impoluto. Washington observa con atención, y pronto caerán otros responsables del narco estado.
Columna de José Miguel Calderón en SDP Noticias
Foto Mario Jasso
clh
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