“Now he gotta getcha
Same way that they go
Now he gotta getcha
There goes the alarm, yeah
Same way that they go
Now he gotta getcha, yeah
Bang bang, two-shots fired
Man down, one fool, one liar
Ring ring, trust gone missin'
House on fire, house on fire
Bang bang, two-shots fired
Man down, one fool, one liar
Ring ring, trust gone missin'
House on fire”
ANNE-MARIE, ‘ALARM’
Desde Palacio, López Obrador dio su palabra y dijo que “a más tardar en un año ya estará funcionando la Línea 12 del Metro, incluyendo el tramo elevado”. Una promesa que hizo hace dos años y que sigue sin dar visos de cumplirse.
El presidente no ha acudido no acudirá con las víctimas, dice que eso es politiquería. Ni siquiera por que se trata de los pobladores de la capital mexicana, primer lugar donde gobernó y cuya población siempre le ha apoyado. No, ni ellos merecieron ser escuchados con motivo de esta tragedia.
Pero, bueno, qué se podía esperar si en el Metro de la CDMX (el transporte público a la fecha más seguro, más rápido y que transporta a millones de personas diariamente), López Obrador no hizo obra adicional sustantiva cuando fue jefe de gobierno de la capital. Hizo los grandes puentes de Los Poetas (para fifís por cierto) que comunican con Santa Fe y el paso a desnivel en la Zaragoza (por cierto, de una altura innecesaria; hecho especialmente para ser visto por todos los que vienen a la Ciudad de México desde cualquier punto del sur-sureste).
Hagamos un poco de memoria: la reacción de López Obrador a la tragedia de la L12 se dio un mes y medio después de la misma y desde su mañanera en el atril de Palacio. Allí, lejano como los reyes de antaño a la población que le mantiene, dio su palabra. No solo eso, dijo “yo me hago caso de eso”. Para terminar dijo: “si hace falta, dejo empeñada mi palabra de que vamos a resolver el problema”.
Tal vez en el país de los otros datos, no han pasado ya dos años de eso y por lo mismo su palabra empeñada tiene valor. Pero en el país que vivimos todos los demás, ya van dos años de esto — y la L12 sigue sin funcionar— y, lo que es peor, otros eventos —aunque de menor magnitud— han continuado sucediendo en otras distintas líneas del Metro.
Mientras el gobierno de la Ciudad de México ha firmado acuerdos reparatorios con la mayoría de las víctimas o sus familiares, el gobierno federal sigue ofreciendo pretextos y sirviendo de tapadera.
Durante este tiempo hemos escuchado al mandatario dar su palabra, empeñarla, culpar de complots, sabotajes, mandar a la Guardia Nacional, encubrir a la ex directora del Metro (Florencia Serranía Soto)… Su “rescate” se dio al nombrarla miembro del Comité Externo de Evaluación del Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial, el cual pertenece al Sistema de Centros de Conacyt (el mismo que López Obrador ha despreciado tanto).
Florencia Serranía tiene un puesto honorífico (eso dicen), pero que no podremos saberlo mientras el INAI siga paralizado por la voluntad del presidente.
¿Alguna investigación en contra de ella? No, solo en contra de funcionarios menores y nada más. Mismo eso, a la fecha nadie, absolutamente nadie, ha pagado por esta negligencia criminal.
Una ocurrencia fue enviar a seis mil elementos de la Guardia Nacional, para supuestamente evitar que terroristas, grupos delictivos o usuarios malvados sabotearan el Metro. Menos de tres meses fueron suficientes para demostrar que esta fue otra cortina de humo cortesía de la 4t y que las quejas por mal servicio y accidentes por falta de mantenimiento continúan.
La narrativa de sabotaje fracasó rotundamente. Los nuevos y reiterados problemas que se han suscitado ante los ojos de la GN, de los usuarios no han derivado ni en poner fin a los percances ni en sustentar —y procesar— a probados saboteadores. Tan solo en una urgente petición del sindicato de los trabajadores del Metro, para que se cierre otro tramo en específico por el peligro que representa para los usuarios.
No tarda en ocurrir otra tragedia; mucho se ha dicho, pero poco se ha hecho para evitarla. Idéntico a lo que ocurre con los centros de detención de migrantes, el Metro capitalino es una tragedia anunciada pronta a ocurrir.
Avisos los hay. El Metro de la Ciudad de México es otra bomba de tiempo
La falta de mantenimiento, planeación en la materia e inversiones ingentes e inteligentes de todo tipo es lo que requiere el STC Metro para evitar un nuevo 3 de mayo de 2021 o un 7 de enero de 2023 o, también, los múltiples micro accidentes, apagones, retrasos, inundaciones, desperfectos; eventos todos que si bien se daban antes, se han incrementado notablemente en esta administración.
Para López Obrador la inversión solo existe para Dos Bocas, el Tren Maya y Felipe Ángeles, pero la prioridad debería ser —y por mucho— invertir en salud, en educación y en el Metro de la CDMX. La administración federal en lugar de construir (remozar) estadios de beisbol, tendría que estar volcada 24/7 en mejorarlo, en prevenir accidentes, retrasos o paradas, como esa que ha ocurrido ayer en la Línea 3, donde los usuarios reportaron humo y retrasos de hasta 20 minutos.
En lugar de las mentiras mal leídas de la Vilchis, que Román Meyer, secretario de SEDATU tenga como tarea primordial, primera y más importante en estos momentos informar y mejorar el Sistema de Transporte Colectivo. No hay más.
El Sistema de Transporte Colectivo ha sufrido un abandono de años que se traducen en problemas, en accidentes, en un mar de quejas. Adicionalmente, han habido reducciones en el presupuesto para su funcionamiento; y si bien el año pasado —exclusivamente ese año— se aprobó un aumento, este cerró con subejercicio…
Y como toda falla sistémica, esta se da de forma exponencial; ello explica el número creciente de problemas. Y se va a poner peor a menos que se instrumente una reingeniería total en la inversión (maquinaria, vagones, rieles, partes y reparaciones, personal), mantenimiento y esquemas de priorización en la atención para el Metro.
Otra tragedia de grandes proporciones significará el fin de la continuación de la 4t y la transformación de la cual tanto se ufana López Obrador, quedará enmarcada en su palabra empeñada que nunca cumplió.
Columna de Verónica Malo en SDP Noticias
Foto Galo Cañas
clh
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