Vicente Fox Quesada fue un personaje popular de la política mexicana. Difícilmente el lector podrá olvidar su paso por la Camara de Diputados en los años ochenta, cuando burlonamente se colocó unas papeletas electorales en las orejas en alusión al defecto físico de Carlos Salinas de Gortari.
Menos olvidaremos la divertida campaña de 2000, cuando Fox, enfrentado a Francisco Labastida y Cuauhtémoc Cárdenas, llamó con diversos nombres al candidato del PRI (la vestida, chaparro, mariquita) a la vez que llamó tepocatas a los del partido oficial. Tampoco cuando en plena campaña Fox cogió una manopla e hizo con ella una seña obscena dirigida a sus adversarios.
Gracias a esa imagen de ranchero guanajatense abierto y sin tapujos, Vicente Fox fue capaz de ganarse el corazón de millones de mexicanos, quienes creyeron en él y le entregaron su confianza. Prometiendo sacar al defenestrado PRI de Los Pinos, ganó los comicios de 2000 con más del 40 por ciento de los sufragios y se convirtió en el primer presidente de oposición en la historia moderna de Mexico.
Una vez instalado en Los Pinos, y mismo hacia el final de su gestión, Fox gozó de buenos niveles de aceptación popular, a pesar de numerosos reveses tales como la inseguridad y los pifias en políticas exterior.
En tiempos recientes todo ha cambiado. Fox es ahora un ex presidente que ha dejado de generar emoción o simpatías. Por el contrario, sus formas poco convencionales parecen fuera de lugar, y el personaje no es percibido más como el candidato/presidente afable y simpatía que conectaba con los mexicanos.
Sin embargo, a pesar de ello, Fox continúa participando en la vida pública. A través de sus mensajes en su cuenta de Twitter (muy mal escritos y con ocasionales faltas de ortografía) el panista apoya a Xóchitl Gálvez. Pero lo hace torpemente, sin caer en la cuenta que su desfachatez de antaño no cuela más en los votantes. Por el contrario, cada palabra que sale del ex presidente es un regalo para los corifeos de la 4T, quienes lo utilizan como veneno contra los candidatos de la alianza tripartita.
Hace apenas unos días los medios reprodujeron un video en el cual Fox asegura que un hipotético gobierno de Gálvez haría desaparecer los programas sociales, pues estos son - según dijo el ex presidente- para huevones. ¿Tendrá idea Fox de que buena parte de la popularidad de AMLO y de sus corcholatas descansa sobre el asistencialismo?
Sin el ánimo de entrar en detalles sobre la pertinencia económica de continuar los programas sociales, lo que sí que es verdad es que son populares y definirán, en buena medida, el sentido del voto de los beneficiarios.
En suma, Vicente Fox no aporta más a la causa. Si en verdad desea a Gálvez o a cualquier otro candidato de la oposición, más conveniente resultaría que el ex presidente se limitara en sus opiniones. Como reza el refrán: “Más ayuda el que no estorba”.
Columna de José Miguel Calderón en SDP Noticias
Foto Daniel Augusto
clh
Archivo histórico