El riesgo de conflicto social existe en México y es creciente porque en nuestro país resulta perfectamente aplicable una expresión atribuida a Descartes: “No hay nada repartido de modo más equitativo que la razón: todo el mundo está convencido de tener suficiente”.
Ministros y ministras de la Suprema Corte de Justicia de la Nación piensan que tienen la razón cuando votan en contra de proyectos de la 4T o inclusive cuando únicamente los suspenden, como ocurrió hoy con la distribución de los libros de texto gratuitos en Chihuahua.
Por su parte, el presidente Andrés Manuel López Obrador está totalmente seguro de que la razón la tiene su gobierno y, por lo tanto, en su opinión, no hará nada indebido cuando, en una próxima mañanera, apode al ministro Luis María Aguilar Morales Su Alteza Serenísima, El llorón de Icamole, Papa Doc, Il Duce, Generalísimo, Manco de Lepanto, Cid campeador, Púas Olivares o cualquier cosa que se le ocurra para desacreditar a don Luis María y con él a todo el poder judicial.
Si la cosa no pasa de ahí, todo terminará en un inofensivo sainete preelectoral más. Porque, evidentemente, el escándalo que la derecha ha hecho con los libros de texto comunistas tiene el único propósito de quitarle votos a Morena, pero no ahora mismo, sino en el 2024.
Supongo, más bien espero que en la corte suprema, más allá de razones jurídicas, ministros y ministras actuarán con prudencia, esto es, que no se atreverán a suspender la distribución de los libros de texto en todo el país.
Si lo hicieran, enfrentarían la razón política —tan válida como la jurídica— de más de 20 gobernadores y gobernadoras de Morena que, podemos apostarlo, de ninguna manera dejarán de distribuir los libros y se atendrán a las consecuencias, las que sean. Y a partir de ahí el caos.
Si lo que se pretende es un enfrentamiento entre poderes mucho más complicado de lo que se ha visto hasta este momento, sígale cada quien con sus razones sin hacer el esfuerzo de comprender las razones contrarias.
Ojalá quienes mandan en la 4T y en la SCJN vuelan a leer acerca de la crisis de los misiles de 1962. Nunca el mundo estuvo más cerca de una guerra mundial con bombas atómicas.
La Unión Soviética había instalado misiles con ojivas nucleares en Cuba, a poco más de 150 kilómetros de Estados Unidos.
El presidente estadounidense, John F. Kennedy, antes de pasar a la ofensiva quiso saber si con un gran ataque aéreo se podría aniquilar toda la base de misiles de la URSS.
A Kennedy se le dio la siguiente respuesta: “Presidente, no tenemos ninguna seguridad de que un ataque masivo y a máxima potencia sobre Cuba haga desaparecer todos los proyectiles soviéticos… Yo creo que podríamos destruir un 90% de los misiles…”.
El presidente Kennedy, molesto, lanzó otra pregunta: “Me está queriendo decir que ellos podrían contraatacar con éxito?”.
—Sí, señor presidente.
¿Cómo terminó la crisis de los misiles? Con diálogo, negociación y prudencia.
Al filósofo y lógico matemático Bertrand Russell se le menciona prácticamente en cada ensayo acerca de la crisis de los misiles. Su prestigio resultó fundamental para que se entendieran el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, y el líder soviético Nikita Kruschev.
No tengo a la mano un texto de Russell que leí hace unos 30 años, en el que el este pensador decía —es lo que recuerdo— que Kruschev actuó con mayor prudencia, y por lo tanto con mayor responsabilidad que Kennedy. El hecho es que el desastre se evitó.
En México, urge que una de dos partes en creciente conflicto ceda un poco para evitar problemas mayores. ¿Quién se atreve a aportar la mayor dosis de prudencia?
Andrés Manuel debe dejar de retar a la corte suprema, no tengo ninguna duda. El presidente, así lo creo, ya no debe burlarse de los y las juristas más importantes de México.
Pero ministros y ministras tienen también que moderarse: pienso que deben posponer todos los debates que le importan a la 4T. Hay tiempos para todo, y el actual no es el tiempo de más sentencias que en el gobierno se rechazan. Porque, la verdad sea dicha, si quienes integran la corte suprema tienen sus razones jurídicas, Andrés Manuel tiene otras razones, políticas.
¿Piensan en la SCJN que impedirían la distribución de los libros de texto en los estados gobernados por Morena, que son la mayoría? Por favor, eso no va a ocurrir. Y la gente de tales entidades no necesariamente aplaudirá a la cúpula del poder judicial. Esto último es para tomarse en cuenta, me parece.
¿Piensa AMLO que su proyecto puede avanzar en un sentido positivo despreciando a la corte? Eso no es posible.
Suplico a quienes integran la corte suprema que parafraseen a Pascal: “La política tiene razones que la razón jurídica ignora”.
Y a Andrés Manuel le pido que recuerde aquello que se supone dijo Montesquieu: “La razón es una olla de dos asas: lo mismo puede cogerse por la derecha que por la izquierda”, es decir, el presidente debe reflexionar acerca de si no tendrá algo de razón la gobernadora de Chihuahua, el de Jalisco y los otras y otras gobernantes locales que rechazan los libros de texto, y después de ello, invitarles a dialogar para llegar a acuerdos en beneficio de todos, y así quitarle carga de trabajo a la SCJN.
Columna de Federico Arreola en SDP Noticias
Foto Gabriel Cabello
clh
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