Por mi intensa y muy profunda pasión por la política es que soy frecuente seguidora del Canal del Congreso. Sí. Ese canal que nadie piensa en sintonizar o el que se cree que nadie ve. Pues yo marco la diferencia: Me ha gustado verlo desde hace muchísimos años. Es extraño, pero incluso siendo adolescente, me encantaba sintonizarlo.
He visto a diputados y senadores debatir, discutir. Me he desvelado viendo las largas jornadas que se dan a partir de la discusión en términos energéticos, por ejemplo.
De hecho, solo una vez en mi vida he estado ahí.
Era, y es tal, mi amor y mi pasión por la política que hace años a través de lo que antes era Twitter contacté a un entonces senador, quien ya no está en funciones y sutilmente le pedí que por favor cumpliera mi sueño de poder conocer el recinto legislativo.
Y sí me invitó a estar ahí. Llegué, di mi nombre, me dieron mi gafete y me sentí la mujer más súper poderosa de todo México. Corría el año 2014, 2015, quizás.
Me solicitaron que me sentara en la parte de arriba, donde se sienta “el pueblo”, para ver desde esa tribuna todo el “show”.
En ese entonces se discutía la Reforma Energética. Esa que aún sigue haciendo mucho ruido y que generó mucha incertidumbre. El jaloneo entre los partidos estaban a tope para que esa ley finalmente pasara para beneficio de unos cuantos nada más. Lo de siempre.
Desde donde yo me encontraba, pude observar cómo en el “escenario” muchos políticos fingían atacarse y odiarse entre ellos. Pero luego extraña y sorpresivamente me los topaba dándose la mano y repartiéndose abrazos y carcajadas.
Entendí que muchas veces el juego de la política se trata de fingir que se es contrincante cuando al final todos son lo mismo, porque al final tienen el mismo objetivo y van por lo mismo.
Ese día, me tocó presenciar un debate largo y profundo. Por cierto, recuerdo bien que me quedé muy impresionada de la forma en cómo se desenvolvía Zoé Robledo, en aquel entonces senador por Chiapas. Me pareció un hombre brillante, elocuente y confiable. Yo le aplaudía a rabiar. Quién diría que ahora es director del IMSS, cargo que no entiendo cómo es que aceptó sin tener la menor idea de el ámbito de salud y hospitalario, pero sigo pensando que es un hombre profundamente brillante.
Pero bueno, siguiendo con mi historia: En el momento en que yo me encontraba sentada en la tribuna del pueblo, me mandó un mensaje el senador que me había invitado a conocer el recinto y me pidió que bajara para saludarlo. Y sí, ahí estuve embelesada viendo y tocando con mis manos las curules y abriendo los ojos como niña chiquita; estaba extasiada.
Seguramente me vi muy ridícula. No me importó. Rápidamente me senté en una de las curules y mi corazón explotaba de orgullo. Es algo que me hubiera encantado hacer en la vida: Legislar y servirle a mi país.
Pero ya sabemos que para ser senador o diputado hay que hacer muchas cosas que hoy por hoy no estaría dispuesta a hacer. Ni hoy ni nunca, por cierto.
El caso es que les cuento todo esto porque ayer sintonicé el Canal del Congreso con motivo de la entrega del 5to Informe de Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Ahí estaba una Luisa María Alcalde, sí, nuestra secretaria de Gobernación, aventándole porras a AMLO como si estuviera en campaña.
Los abucheos no se hicieron esperar. Se oían más que los aplausos.
Es que tampoco ayuda el tonito con el que habla la siempre bella Luisa María: Eseeeee tonitooo que usaaaaan los políticooooos para hablaaaar.
Después vinieron otras intervenciones donde ya pues la tribuna parecía un antro acapulqueño.
La verdad es que hubiera esperado más pasión por parte de la oposición para defender sus posturas pero todo era risas y diversión.
Tomó entonces tribuna Xóchitl Gálvez, quien con voz afónica, imaginó su garganta desecha porque lleva días y días gritando, logró erizarme la piel al gritar un largo y profundo ¡basta! a la destrucción que ha venido cometiendo contra el país el gobierno del presidente.
Una larga porra y por mucho al contrario de la intervención de Alcalde, la de Xóchitl provocó más porras que abucheos.
Claro, no podía evitarse que viéramos la finísima intervención de la diputada de Morena Aleida Alavez, quien al momento de tomar la tribuna roció en todo el atril desinfectante porque había hablado antes ahí Xóchitl, haciendo alusión de que estaba “infectado” el lugar. Finísimo gesto de sororidad.
Atrás de ella mujeres apoyándola que se habían ido a peinar y a maquillar para tal evento con sus pestañas postizas y su pelo peinado de salón de belleza, y otras cuantas mujeres que tenían cara de no tener la menor idea de qué se trataba el show pero ellas aplaudían cuando aplaudían las demás, o alzaban el puño cuando las demás lo hacían y nada más.
Después, la presidenta del Congreso, Marcela Guerra Castillo, dio por terminada la sesión, no sin antes tomarse todos selfies, reír, abrazarse, unos con otros, como si se hubieran sacado una tele en una rifa navideña.
Pues sí, es que eso es el país para ellos, un precioso y costoso botín.
Mis sentimientos y pensamientos se contradecían. No termino de entender en qué proceso vamos y para donde vamos tampoco. Ni la propia Xóchitl tiene certeza de ello, al negar que fuera a renunciar a su cargo como senadora en tanto no tuviera claridad.
Y hoy vi a mi país en ese pequeño pero inmenso y hermoso espacio del recinto legislativo chocando unos con otros, sintiendo que había mucha confusión por parte de todos, y recordé, ¡Oh, qué tiempos! Cuando el propio presidente era el que personalmente entregaba su Informe al Congreso.
Eso quedó en el pasado pues de seguir haciendo esas prácticas los últimos presidentes de este país hubieran salido francamente vapuleados y humillados.
Por eso es que ahí se entrega el Informe presidencial en unas hojitas que quién sabe qué harán con ellas después, quizá papelitos para la rifa de regalos para la posada que vendrá en diciembre.
Esta es la actualidad de la política de mi país.
Que mañana habrían elecciones ciudadanas, pero que siempre no.
Confío en la ciudadanía, esa que está harta, despierta y mucho más leída y enterada para que sea ella la que dé rumbo y certidumbre al país.
Porque todavía a falta un largo camino para el 2024.
Es cuanto.
Columna de Claudia Santillana en SDP Noticias
Foto Mario Jasso
clh
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