¿Cuántos años deben pasar para que la nota sobre las mujeres deje de ser su cuerpo? ¿Hasta cuándo la prensa, moneros y opinólogos harán mofa deslegitimando liderazgos a partir del simplón humor de juzgar las formas femeninas bajo los estereotipos patriarcales?
Las mujeres que quieran dedicarse a la política no pueden ser demasiado gordas, pues serán juzgadas, ofendidas y burladas por su cintura invisible. Pero las mujeres que quieran gobernar tampoco pueden ser demasiado flacas, pues seguro un monero misógino como tantos ojos de la prensa, no verán a la persona ni sus capacidades o méritos sino su cuerpo, flaco.
Las mujeres tampoco pueden ser demasiado pequeñas o jóvenes pues dirán que son inexpertas, que aún no están listas para aspirar a nada o en el peor de los casos, serán acusadas de ser “amantes” de poderosos políticos y las bocas las acostaran con cuanto jefe hayan tenido, la acostaran en dichos con sus pares o con súbditos o con cualquiera cuyo honor pueda mancillar.
Sus méritos no serán suyos sino de las parejas “por las que llegaron a los cargos”.
Pero las mujeres tampoco pueden ser demasiado grandes y si son ancianas, serán acusadas de ya no poder desempeñar sus cargos. Podrían ser diagnosticadas por comentócratas de tener demencia senil cuando muestran carácter o inclusive podrían ser excluidas de las reuniones porque “a esa edad deben descansar”.
Cuidado si eres mujer y tienes muchas curvas dedicándote a la política. Ni en los cartones brillarán las frases o los hitos históricos sino tus labios regordetos y los peores se burlarán de tus pantalones pintándolos con globos en las nalgas, sugiriendo que eres “una payasa”. Pero por mucha misoginia, dirán que la libertad de expresión no tiene límites aunque rebase al odio. Probablemente, sea peor no tener curvas pues si es que tú complexión es delgada, un monero como Paco Calderón te dibujará como un palo. Con todo y las dobles o triples interpretaciones.
Para el machismo, poco importa si es que una mujer aspira a la presidencia, si ha vencido en históricos procesos electorales como el de haber sido la primera mujer electa por voto popular para gobernar la capital. Poco importa si existe un postulado de gobierno llamado “humanismo mexicano” y ni hablar del triunfo en procesos internos donde diariamente hubo ataques de aquellos que no soportan la idea de ser gobernados por una mujer. No importa más que un cuerpo. Un cuerpo al que retratan como bastón de mando solo porque tiene complexión delgada. Porque después de todo ¿qué somos si no una limitada apreciación estética de nuestro aporte social?
Columna de Frida Gómez en SDP Noticias
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