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El eclipse

Experiencia y reflexiona en torno al eclipse solar que tuvo lugar este sábado 14 de octubre

El eclipse

Aún recuerdo el eclipse de 1991. Era agosto y el reloj marcaba las 12:50 pm. No recuerdo, quizá tendría 26 años. Pero me encontraba en casa de mis padres porque ahí vivía.

(Ahora, pensándolo bien, me tardé bastante en salirme de la casa familiar, pero era inmensamente feliz. No sentía ninguna presión por vivir sola. Quizá en aquel tiempo las mujeres nos emancipábamos del núcleo familiar más tardíamente. Pero bueno, ese será motivo de otro análisis.)

Ese día, un grupo de amigos se reunirían para ver el eclipse en una casita de campo. No fui requerida. Así que la oscuridad y el eclipse también resonaron con mi estado anímico y mi soledad.

Hoy sé que el que mi madre viviera un evento así sola hubiera sido muy triste para ella, así que todo fue perfecto para ambas.

Hoy volvimos a vivir un fenómeno parecido, sin embargo, no fue igual.

Curiosamente, por la mañana fui a hacer el súper y algunas otras cosas pero no recordaba que sería ese día el eclipse ni mucho menos tenía idea de la hora.

De pronto, entré al supermercado y sentí frío. Un extraño frío. “¿Por qué habría bajado así, tan abruptamente, la temperatura?”, pensé.

Después nubarrones y cierta obscuridad... “¡Qué rápido se está yendo el día!”, me dije.

Entonces, recordé: ”¡Hoy es el eclipse!” Y salí de la tienda y me quedé ahí, cerrando mis ojos y extendiendo mis brazos. Quizá por ahí algún policía haya querido detenerme pensando que estaba loca. Francamente nunca me ha importado lo que piensen de mí los demás.

De pronto, volví a conectar con esa emoción del eclipse del 91. Esta vez no sentí tristeza ni vacío sino una especie de conexión con la vida llamada gratitud.

A pesar de todas las vicisitudes que he pasado en la vida seguía ahí de pie, aunque tristemente sin mi madre esta vez.

Había bastante gente en el estacionamiento mirando para el cielo. Los observé a ellos por un largo rato también.

El eclipse en sí era un fenómeno natural increíble, pero también ver a varios mexicanos haciendo lo mismo, como diría la canción de Mecano “algo a la vez”, me resultó conmovedor.

Porque todos mirábamos hacia el cielo sintiendo esta oportunidad que se llama vida.

No sé si los que ahí observaban el cielo eran morenistas, perredistas, panistas, de centro, de izquierda o de derecha. Solo éramos seres humanos viendo la inmensidad de la vida.

Pensé también en la cantidad de gente que está muriendo por guerras estúpidas y pandemias funestas.

Pensé en que después de muchas veces de estar cerca de morir estaba ahí viva presenciando este hermoso eclipse solar.

Me imaginé que también el presidente de México habría posado su vista en el cielo. Me imaginé un mundo donde todos pudiéramos vivir en paz y de paso, si no es mucho pedir, amar y ser amados.

En poco más de diez años habrá otro eclipse solar... Quién sabe si estaré.

Hoy estuve y es lo que agradezco. Hoy nadie se puso bravo contra nadie en las calles ni peleando manejando porque ahí estaba la luna haciéndole el amor al sol. Ellos tan distintos, tan diferentes, tan opuestos, estaban juntos.

¿Por qué nosotros no podríamos tener esa capacidad de unidad?

Qué paz dejar de escribir o de hablar de política por un ratito.

Qué bien se siente estar viva. Porque así lo ha querido el Dios en el que creo.

Y porque me habré de ir en el momento perfecto.

Espero hayan disfrutado tanto como yo de este bello fenómeno.

Es cuanto.

Columna de Claudia Santillana en SDP Noticias

Foto Especial

clh

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