Parece ser que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos aún existe. Su lento desvanecimiento e irrelevancia es prueba de una fracasada existencia durante el sexenio de la Cuarta Transformación, en la que los “derechos humanos” se confundieron con un elemento más de propaganda populista que por años conquistó los corazones de varios que hoy se apartan y se guardan en el espectro indefinido político de los “decepcionados”.
Decepcionados como las y los consejeros de esta institución que preside Rosario Piedra Ibarra, quienes presentaron este lunes la renuncia colectiva y total acusando que son ignorados después de emitir recomendaciones que han sido “desdeñadas” mientras que, desde la presidencia, se les ha descalificado y atacado en cada oportunidad y espacio, igual en sesiones que en redes.
Para coronarse como el día negro contra los derechos humanos, el mismo lunes fue nombrada Teresa Reyes Sahagún como titular de la Comisión Nacional de Búsqueda, aquel espacio que se desborda tras la Parece ser muy conveniente que, en plena crisis por desapariciones con más de 112 mil personas no localizadas del Registro Nacional oficial, en plena crisis por asesinatos contra activistas ambientales y en el marco de la poca memoria y justicia, la CNDH no sirva y la Comisión de Búsqueda no sea operativa de la mano con las agrupaciones que no pueden darse el lujo de renunciar.
Me pregunto ¿Qué ha llevado a Rosario Piedra a comportarse en tal nivel de indolencia y desdén? ¿Cómo una servidora pública como Teresa Reyes Sahagún acepta un cargo relacionado con una materia que le es tan lejana? ¿Cómo aceptar trabajar en materia de desaparición forzada en el momento más crítico del sexenio, cuando el mínimo error puede ser caro políticamente? Y es que, pensando en que no hay interés por la dignidad humana, al menos en el cálculo político algo debe de pesar que la nueva Comisionada de Búsqueda nunca haya buscado, atendido víctimas, escuchado a madres buscadoras o siquiera, interactuado con las estadísticas y su Registro.
¿Por qué lo harán? ¿Por qué aceptar con silencio y pasividad aquellos espacios clave que tienen tanta responsabilidad con un país que acumula víctimas? Ninguna de las dos funcionarias tenía ambiciones políticas antes de aceptar aquellos cargos. De hecho, Piedra hereda una historia por la que llega a la escena pública mientras Reyes Sahagún parece ser una funcionaria disciplinada que atiende a lo que se le solicite. Eso implica que no se trata de perseguir hueso o destacar desde el protagonismo que en la política suele manchar a la administración pública. ¿Por dinero? Ciertamente, los cargos ofrecen estabilidad en ingresos y prestaciones, como las que están en juego para trabajadores nuevos del Poder Judicial de la Federación. Aunque no parece ser el caso. Probablemente, se trate de agradecimiento.
¿El agradecimiento tiene límites? Si es así, ¿cuáles son?
Aristóteles aborda el agradecimiento en su ética a través de la noción de la virtud de la gratitud. Según él, el agradecimiento es una virtud que se relaciona con la amistad y la reciprocidad. En su obra “Ética a Nicómaco”, sostiene que el individuo virtuoso debe expresar su gratitud hacia aquellos que le han beneficiado, ya que esto fortalece los lazos sociales y fomenta la amistad. Para Aristóteles, el agradecimiento es una parte esencial de la vida ética y es un signo de virtud. Sin embargo, cuando se trata de política, interpretaba la gratitud (o su exceso) como una señal de debilidad incompatible con la magnanimidad: creía que el endeudamiento, emocional o moral, era síntoma y sinónimo de sumisión o inferioridad. Como siempre, en su teoría del justo medio tendría que existir. Similar a la virtud del ministro González Alcántara Carrancá, que, a pesar de haber sido propuesto por el presidente, ha salido a defender el financiamiento que por años acumularon las cuotas de trabajadores del Poder Judicial de la Federación en fideicomisos que administran de forma autónoma.
Cicerón, filósofo, político romano y orador, decía que “la gratitud no es solo la mayor de las virtudes, es la madre de todas las demás”. Este autor clásico también considera el agradecimiento como una virtud fundamental en su obra “De Officiis” (Sobre los deberes). Él argumenta que el agradecimiento es esencial para mantener y fortalecer las relaciones sociales y familiares. Cicerón enfatiza que el agradecimiento es un deber moral que implica reconocer los beneficios recibidos y corresponder de manera apropiada. Para él, la gratitud es una muestra de la virtud y la rectitud moral. La manera apropiada, por supuesto, tendría que contemplar el apego al ejercicio de las facultades que la ley brinda a una institución. Algo lejano a lo que sucede en la CNDH. ¿Se tratará tan sólo de la omisión sistemática, y en tanto omisión, reclamable?
os años en trabajos relacionados con esta materia. Reyes Sahagún se había desempeñado previamente como directora general del INEA, Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, desde 2021. Eso sí. Su proceso, según lo anunciado, estuvo acompañado de “consultas públicas a colectivos de víctimas, personas expertas y organizaciones de la sociedad civil”, aunque probablemente haya sido una consulta presidencial en la que una sola voz fue la representante de todas las anteriores y tan públicos fueron los 53 millones de votos, que no se necesita más.
SDP Noticias
Columna de Frida Gómez
Foto: Especial
cdch
Archivo histórico