Exponer a los niños por tiempo prolongado a pantallas digitales como tabletas, teléfonos celulares y televisores, afecta de forma alarmante el desarrollo cerebral de infantes menores de seis años.
De acuerdo con un estudio francés que llevaron a cabo investigadores del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica (INSERM) y la Universidad de París, se han identificado alteraciones significativas en funciones cognitivas, emocionales y sociales vinculadas al uso excesivo de dispositivos electrónicos en esta etapa crítica del desarrollo.
El estudio, publicado en 2023, se centró en observar el desarrollo cerebral de más de mil 500 niños durante los primeros seis años de vida, comparando aquellos con una alta exposición a pantallas frente a otros con consumo limitado o nulo.
El tiempo excesivo frente a pantallas, se relaciona con un menor desarrollo en áreas del cerebro vinculadas al lenguaje, la memoria, la atención y las habilidades socioemocionales.
“El cerebro infantil necesita estímulos sensoriales y sociales reales para desarrollarse correctamente”, señala la doctora Manon Collet, coautora del estudio.
Las interacciones humanas, el juego libre y la exploración del entorno físico son esenciales, y las pantallas tienden a reemplazar estos elementos clave.
Los niños expuestos a pantallas por más de una hora diaria presentaban retrasos en el desarrollo del lenguaje y dificultades para concentrarse. Esto se agrava si la exposición ocurre antes de los dos años, periodo en el que el cerebro se desarrolla a mayor velocidad.
Otro estudio complementario, realizado por la Universidad de Grenoble, reforzó estos hallazgos, al utilizar resonancias magnéticas para observar el impacto en tiempo real.
Los investigadores concluyeron que el uso de pantallas altera los patrones naturales de plasticidad cerebral, disminuyendo la capacidad de aprendizaje y adaptación del niño.
Se recomienda limitar el uso de pantallas en menores de seis años y evitarlas completamente en menores de dos. Asimismo, aconsejan que, cuando se usen, sea bajo supervisión, con contenido adecuado y de forma interactiva, no pasiva.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda estas recomendaciones, sugiriendo un máximo de una hora diaria para niños entre dos y cinco años. Sin embargo, la realidad supera estas cifras.
El cerebro infantil es moldeable, pero también vulnerable, por lo cual hay que protegerlo durante los primeros años es fundamental para garantizar un futuro con mayores capacidades cognitivas, emocionales y sociales.
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