En plena jornada de votación por la reforma judicial, la sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) amaneció con un inesperado escenario: dos coronas fúnebres de rosas blancas, un moño negro, velas encendidas y un listón tricolor. El acto, claramente simbólico, fue interpretado por transeúntes como una expresión de duelo por el futuro del Poder Judicial mexicano.
Los arreglos florales fueron colocados en la entrada principal del edificio ubicado en la alcaldía Cuauhtémoc, y uno de ellos llevaba un mensaje directo: “RIP al Poder Judicial”. Frente a las coronas, alguien dejó un pequeño montículo de tierra con veladoras y una cinta con los colores de la bandera nacional, aludiendo a un tipo de altar improvisado.
Hasta el cierre de esta edición, ninguna organización o colectivo se ha adjudicado la protesta, ni la SCJN ha emitido un pronunciamiento oficial sobre el hecho. Sin embargo, el gesto ocurre en un momento clave: el país se encuentra en medio de una elección inédita, donde por primera vez se lleva a cabo un proceso para elegir, mediante voto directo, a jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial de la Federación.
Este modelo, impulsado desde el Poder Ejecutivo, ha sido objeto de debate nacional. Mientras que algunos sectores lo celebran como una forma de democratizar el acceso a la justicia, otros lo consideran un riesgo para la independencia judicial, una característica considerada esencial en los sistemas democráticos modernos.
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