Ante el aumento de actividad en contra de los migrantes, algunas personas que han vivido en el extremo sur de Texas durante décadas se resisten a salir de sus casas, ni siquiera para recibir la atención médica que necesitan.
Una ama de casa que lleva 40 años de casada con un carpintero, cruzó a Estados Unidos de manera ilegal, hoy teme que los agentes federales estén tras ella. Cuando estaba por ir a la farmacia a finales del mes pasado, su esposo la llamó con una advertencia desesperada: agentes de migración abarrotaban el estacionamiento de la tienda.
En muchos lugares, se encuentran personas que necesitan atención médica crítica en una de las regiones más pobres e insalubres del país, sin embargo, por temor a ser deportados no salen de sus hogares.
Funcionarios de la Casa Blanca ordenaron a los agentes federales, que no dejen ningún lugar sin revisar (incluidos hospitales e iglesias) en su esfuerzo por expulsar a 1 millón de migrantes para finales de año. Esos agentes también revisan las bases de datos de registros médicos más grandes del gobierno federal para buscar indocumentados que puedan estar en Estados Unidos sin autorización legal.
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