Opinión

La perversión del Plan General de Desarrollo de la BUAP

Como saben, el Plan General de Desarrollo, PDI, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla fue aprobado recientemente por el consejo universitario. Dudo mucho que los consejeros lo hayan leído pues fue aprobado en una sesión extraordinaria a la que fueron convocados un día antes y, por lo tanto, tuvieron el documento presentado por la rectoría unas horas antes de ser presentado.

Esta es la única explicación plausible de que se haya aprobado por unanimidad y sin mayor discusión.

El plan está organizado en 4 ejes y el tercero se denomina “Educación Desarrolladora para la Transformación”. Aunque no se hace un diagnóstico de los resultados obtenidos a partir de la aplicación del denominado Modelo Universitario Minerva (MUM), gestionado por los mismos funcionarios que hoy aparecen como el “equipo líder” de este eje (la vicerrectoría de docencia), se puede deducir, del objetivo general de su “proyecto detonador”, que la universidad enfrenta un serio problema de deserción escolar.

El objetivo reza así: “Promover la certificación de saberes profesionales logrados desde los primeros semestres de estudios, resultado del rediseño curricular, flexible basado en las principales oportunidades laborales y en la incorporación de un enfoque modular. Estas certificaciones, acreditaciones y micro-credenciales iniciales ofrecen el doble beneficio de enriquecer la formación integral de las y los estudiantes, al integrarse a su currículum, y también otorgan la alternativa de brindar reconocimiento oficial a las habilidades adquiridas cuando, por causas de fuerza mayor, deban interrumpir o suspender su formación universitaria.”

Quitando la paja del discurso quedan claras tres cosas: 1) que pretenden rediseñar los planes de estudios bajo la modalidad modular. 2) que se entregarían constancias de estudio o certificados parciales por cada segmentación del plan de estudios. 3) que a la deserción escolar ya no se llamaría así, porque el estudiante habría obtenido, aunque sea, un minicertificado.

Pero varias preguntas se nos vienen a la mente ¿qué es un módulo? ¿o cómo se estructura un plan de estudios por módulos? Si los módulos son campos de conocimiento, entonces de hecho los planes de estudios actualmente están estructurados de esa manera, sólo que las llamamos áreas del conocimiento. Entonces ¿cuál sería el cambio? En realidad, este es sólo un pretexto para desmantelar a las actuales unidades académicas. En cierto sentido, el experimento ya se hizo con las materias de Formación General Universitaria, puesto que los alumnos del área de Ciencias Sociales y Administrativas, digamos, llevan materias comunes, aunque no les han llamado módulos.

Por ejemplo, el estudiante que cursara alguna de las licenciaturas de esta área se podría inscribir en los módulos que ofrece el área, las famosas DES, Divisiones de Estudios Superiores, y ya no pertenecería a una facultad o escuela o instituto en particular, sino que llevaría módulos ofrecidos por la DES. Por eso también hablan de los exámenes departamentales. Porque, así como ahora hay directores(as) de unidad académica elegidos(as) por su comunidad, éstos(as) desaparecerían para dar paso a los jefes de departamento designados por la administración central. Asimismo, ni los docentes ni los administrativos estarían adscritos a una unidad académica sino a la universidad. De hecho, ya no tendría sentido hablar de “adscripción”, puesto que las unidades académicas desaparecerían y los docentes tendrían cargas académicas no asignadas por su academia y su consejo de unidad, sino por el administrador de los módulos que dictaría.

¿Por qué este afán por desestructurar a la universidad, de desenraizar el tronco de su organización que es la unidad académica? Porque de esta estructura académica se desprende su organización de gobierno que es colegiado, participativo y representativo de los sectores que conforman a la universidad: el estudiantil, el docente y el administrativo.

Se trata, pues, de atomizar a la comunidad universitaria: ya no habría un grupo de primer semestre de la carrera o una academia de profesores del área o de la licenciatura o del posgrado. Sería una comunidad de extraños, sin experiencias que compartir ni objetivos comunes a alcanzar. No habría ni la convivencia ni la posibilidad de identificarse con el quehacer y los ideales del otro. Seríamos un conjunto de extraños reunidos ocasionalmente, casualmente. ¿Cómo podríamos cultivar un sentido de solidaridad, indispensable para la formación de ciudadanos conscientes, responsables, críticos si cada estudiante recorre aisladamente su carrera universitaria y cada docente sólo ve por sí mismo?

En verdad que este plan es tan perverso como las personas o el grupo que lo ha ideado para permanecer, a toda costa, en el poder.

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