El domingo pasado el SUNTUAP inició su campaña de afiliación y reafiliación. El objetivo es obtener la constancia de representatividad por parte del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral y poder negociar el contrato colectivo de trabajo con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.
El llamado a los trabajadores universitarios, tanto académicos como no académicos, se sostiene en tres puntos básicos: eliminar el Capítulo 16 del contrato firmado por el SITBUAP, Incorporar los estímulos académicos como parte del salario y eliminar la subcontratación o “outsourcing”.
El capítulo 16 establece condiciones de trabajo diferenciadas con base en la fecha de ingreso a la universidad. De hecho es un contrato dentro de otro contrato y esto es inexplicable, puesto que un principio laboral básico es el que reza “a trabajo igual salario igual”, que tendría que extenderse a condiciones de trabajo igualitarias, lo cual incluye las prestaciones. Normalmente los contratos colectivos atienden al tema de la antigüedad de manera específica, premiándola por supuesto. Pero la antigüedad no tiene por qué determinar el conjunto de prestaciones a las que, como trabajadores, todos debemos tener el mismo derecho. Este objetivo, entonces, apunta a la igualdad de trato.
El segundo punto está dirigido fundamentalmente a los trabajadores académicos, pero no únicamente, pues también existen programas de estímulos para los administrativos. Es crucial para un sindicato enfrentar una de las medidas más efectivas en contra de la unidad del gremio en torno a los intereses comunes de éste. Todos sabemos que la implantación de las becas al desempeño académico atomizó a los docentes. Había que competir entre nosotros para acceder a los estímulos, puesto que no hay para todos. La bolsa está calculada para cubrir alrededor del 30% de la planta docente.
Esta política instaurada por el gobierno desde los noventa, junto con otras como la creación del Sistema Nacional de Investigadores en los ochenta, constituyó uno de los golpes más demoledores en contra de la autonomía universitaria, pues la bolsa ahí estaba, la zanahoria colgaba ante las narices de la universidad, pero para hincarle el diente había que aprobar un Reglamento a modo, un Reglamento hecho por nosotros pero con el visto bueno del gobierno.
Claro, esta medida vino acompañada de una campaña asentada en la meritocracia, el poder del mérito. Fue como si nos dijeran “todos son iguales, pero unos son más iguales que otros”. Y nosotros entregamos nuestra autonomía a cambio de “espejitos”. Es cierto que en aquellos años el subsidio a la universidad no tenía las actuales dimensiones, pero también lo es que este subsidio fue creciendo a costa de los salarios de los trabajadores. Con el cuento de que el incremento salarial provocaba la inflación “galopante”, la proporción del presupuesto dedicada al pago de salarios y prestaciones comenzó a disminuir y a disminuir.
Y aquí entran en escena los sindicatos blancos. ¿Saben ustedes que en los noventa el rector en turno solicitó dos recuentos para quitarle la titularidad al SUNTUAP y nunca lo logró? Nos mantuvimos unidos en torno a nuestro sindicato histórico. Sin embargo, esto no fue suficiente puesto que encontraron otra vía para arrebatarnos una representación independiente que consistió en no conceder al SUNTUAP la “toma de nota”. Veinte años han pasado desde entonces. Así que hoy, la verdadera lucha sindical retoma fuerzas para recuperar todo el terreno perdido a manos de los sindicatos blancos coludidos con las sucesivas administraciones de la universidad. El panorama no es nada halagador pues se enfrentan a una comunidad pulverizada, atomizada, desesperanzada, dispuesta a aceptar como dádiva aquello a lo que tiene derecho. Sin embargo, la realidad es necia: no tenemos mejores salarios, nuestro poder adquisitivo sigue decreciendo y el futuro laboral es totalmente incierto.
¿Ustedes creen que esta situación crónica va a resolverse en manos de quienes la han provocado? ¡Claro que no! Tenemos que buscar alternativas para mejorar nuestras condiciones de trabajo y el SUNTUAP nos las ofrece. ¡Tomémoslas! Tenemos mucho que ganar y nada que perder. Incorporar los “estímulos” a los salarios es la forma de alcanzar un trato igualitario.
El tercer punto relativo al rechazo a la subcontratación es obvio, y cualquier sindicato que se respete lo tendría que combatir. Simplemente la contratación por esta vía cae fuera de cualquier intervención sindical. Pero lo más grave del caso es que un trabajador subcontratado no goza de las mismas ventajas laborales, de hecho es un subtrabajador. Así que también la eliminación de la subcontratación está encaminada a lograr un trato igualitario.
En verdad los trabajadores universitarios tenemos que celebrar que por primera vez en muchos, muchos años podemos optar por un sindicato genuino.
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